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Timonel: De camino hacia la Pascua

Les saludo a todos con mucho afecto y cariño en Dios, nuestro Padre: «La Paz esté con ustedes». A lo largo de esta semana nos reuniremos como Iglesia para tener nuestra Asamblea Diocesana de Pastoral. Es un momento de comunión y crecimiento en nuestro seguimiento a Dios. Participemos todos con grande alegría. Nos encomendamos a sus oraciones.

DE CAMINO HACIA LA PASCUA

Con la mirada puesta en la Pascua del Señor Jesús, vivamos con grande esperanza los días de la cuaresma. Son un tiempo en el que cada año, Dios nuestro Padre nos muestra su amor de una manera muy insistente, para atraernos hacia Él. Ninguno le somos indiferente. En cada hombre y en cada mujer Dios quiere que se cumpla su sueño de Padre, ese sueño que un buen papá quiere para su pequeño hijo que trae en brazos. Dios nos quiere felices. Sabe que lejos de Él nos destruimos. Nos hundimos “en el abismo del sinsentido, experimentando el infierno ya aquí en la tierra, como lamentablemente nos testimonian muchos hechos dramáticos de la experiencia humana personal y colectiva” (Papa Francisco). Y Dios no quiere eso para nosotros. Por ello, cada año nos insiste en que volvamos a Él, que entremos a su vivir de una manera más amplia y confiada. No nos obliga, busca cautivarnos, atraernos. Y lo hace mostrándonos su amor. 

En su Mensaje para esta Cuaresma, en el que hace ocho días hemos empezado a reflexionar, nos dice el Papa Francisco: “Es saludable contemplar más a fondo el Misterio pascual, por el que hemos recibido la misericordia de Dios. La experiencia de la misericordia, efectivamente, es posible sólo en un «cara a cara» con el Señor crucificado y resucitado «que me amó y se entregó por mí» (Ga 2,20). Un diálogo de corazón a corazón, de amigo a amigo. Por eso la oración es tan importante en el tiempo cuaresmal. Más que un deber, nos muestra la necesidad de corresponder al amor de Dios, que siempre nos precede y nos sostiene”. Les reitero la invitación a que todos los días fijemos un ratito nuestra mirada en una imagen de Cristo Crucificado. La que está en nuestro hogar. Le contemplemos no como quien mira una escena que no forma parte de su vida, sino con la admiración agradecida de quien reconoce: “lo hiciste por mí, Señor”. Y dejemos que nos diga su amor al corazón. Nos dará grande paz y mucha luz para volver a Él de una manera más comprometida, generosa y alegre, para continuar viviendo nuestra conversión a Él. 

Una actitud que nos abre el camino hacia Dios es reconocer con sinceridad que nos ama sin merecerlo y, gracias a ese amor suyo, desde nuestra miseria podemos levantar confiadamente los ojos hacia Él. En esa confiada apertura podemos recibir su Palabra y dejarla resonar ahí donde están los criterios con los que decidimos nuestra vida de cada día. Entonces comprendemos que es muy grande su amor hacia nosotros. Nos dice el Papa: “Cuanto más nos dejemos fascinar por su Palabra, más lograremos experimentar su misericordia gratuita hacia nosotros”. Hagamos la prueba, es su amor que nos libera. “No dejemos pasar en vano este tiempo de gracia, con la ilusión presuntuosa de que somos nosotros los que decidimos el tiempo y el modo de nuestra conversión a Él”.

En este espíritu de conversión a Dios nuestro Padre, quiero poner en su oración los trabajos de nuestra Asamblea Diocesana de Pastoral que, si Dios quiere, viviremos en esta semana, del martes 10 al jueves 12. El objetivo de la Asamblea será “promulgar el VI Plan Diocesano de Pastoral, así como el entrenamiento para su aplicación en las comisiones diocesanas, decanatos y comunidades parroquiales de nuestra Arquidiócesis”. 

Miramos con grande esperanza la promulgación de nuestro VI Plan Diocesano de Pastoral. En nuestra Patria nos estamos preparando para vivir los 500 años de la visita de la Sma. Virgen María de Guadalupe en el Tepeyac y los 2000 años del acontecimiento de nuestra redención. Con toda la Iglesia en México, queremos caminar “hacia el encuentro de Jesucristo Redentor bajo la mirada amorosa de Santa María de Guadalupe”, inspirados por el Proyecto Global de Pastoral 2031+2033. Esta luz iluminó la elaboración de nuestro Plan Diocesano de Pastoral. 

Tenemos clara conciencia de que la Misión que el Señor Jesús nos confía no se limita a realizar las actividades de un programa, sino que es “compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad y de la Iglesia a todos los confines del mundo” (DA 145). Jesús nos envía y hemos de salir y llevar la Buena Noticia del Evangelio, pero no sólo como proclamadores sino siendo buena noticia de Dios. Somos misión. Hemos de hacer visible en nuestra persona el amor misericordioso del Padre, especialmente a los pobres y excluidos, así podremos generar esperanza en nuestra realidad tan dolorosamente herida por la cultura de la muerte.

Por ello, el Plan Diocesano de Pastoral supone nuestra conversión personal permanente, es decir, nuestra apertura y esfuerzo por asimilar cada día los valores evangélicos, a partir de nuestro encuentro personal con Cristo. Sólo así somos testigos creíbles.

De igual manera, el Plan Diocesano de Pastoral supone e impulsa nuestra conversión pastoral: pasar de una pastoral de mera conservación a una pastoral decididamente misionera. “Salgamos, nos dice el Papa Francisco, salgamos fuera a ofrecer a todos la vida de Jesucristo… Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de vida y de sentido” (EG 49). Queremos ser la Iglesia que Jesús soñó. Nos dé cada día la alegría de volver nuestros pasos hacia Él. 

Buen camino hacia la Pascua.

Con mi oración y bendición.

En Dios, nuestro Padre 

+Leopoldo González González 

Arzobispo de Acapulco

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