Inicio / Uncategorized / Día Internacional del Trasplante de Órganos y Tejidos

Día Internacional del Trasplante de Órganos y Tejidos

Cada año, el 27 de febrero, se celebra el Día Internacional del Trasplante de Órganos y Tejidos. Su fin principal es “agradecer a los profesionales que hacen posible salvar vidas mejorando la calidad de vida de las personas y también homenajear a los donantes que por su aporte altruista han salvado vidas en todo el mundo”. 

En agosto del año pasado apareció como noticia que en nuestra Patria que cada día fallecían 20 personas en espera de un trasplante, y había 21, 800 en lista de espera. Los más de ellos requieren trasplante de riñón o córneas. Las palabras del Papa San Juan Pablo II vuelven a tener eco en nuestra consideración: “Merece especial recomendación la donación de órganos, realizada según criterios éticamente aceptables, para ofrecer la posibilidad de curación e incluso de vida a enfermos tal vez sin esperanza” (E.V. 86). 

Cuando la donación es de una persona viva a otra persona viva está precedida de estudios muy cuidadosos de libertad, de compatibilidad, de no poner en grave riesgo la salud física o psíquica del donador. Siempre se trata de órganos no vitales. El Papa San Juan Pablo II nos decía: “Una persona sólo puede dar aquello de lo que puede privarse sin serio peligro o daño para su vida o su identidad personal, y por una razón justa y proporcional. Es evidente que sólo pueden darse órganos vitales después de la muerte. Pero dar durante la vida una parte del cuerpo, una ofrenda que solo será efectiva después de la muerte, es ya en numerosos casos un acto de gran amor, el amor que da la vida a los demás. Así el progreso de las ciencias biomédicas ha hecho que sea posible para los individuos proyectar su vocación al amor más allá de la muerte. Por analogía con el misterio pascual de Cristo, al morir, la muerte es de algún modo vencida y la vida restaurada”.

Hace más de 20 años fui a una clínica del IMSS a dar el sacramento de la Unción de Enfermos a un amigo que se había accidentado. Al llegar me dijeron que había sufrido muerte cerebral. Después de la oración, se me acercó un médico y me pidió que le ayudara a pedir las corneas de mi amigo a su familia para donarlas a dos pacientes que las necesitaban. Recuerdo la respuesta de su papá: “Padre, Dios me lo dio completo, yo se lo devuelvo completo”. Comprendí su gran dolor, que le hacía muy difícil tomar otra decisión, y también comprendí otras dos cosas:

+ La primera: el Papa Pío XII decía que era necesario explicar con inteligencia y respeto que no se ofende la piedad debida al cadáver de una persona al donar algunos de sus órganos. Pienso que esa recomendación sigue teniendo validez. Cuando morimos, nuestro cuerpo habla ya no de presencia nuestra, sino de ausencia. Al asistir a un velorio y estar junto al féretro hablamos de quien se ha ido. El cadáver nos habla de “alguien que nos ha dejado”. Nuestro yo personal, ese núcleo espiritual que somos nosotros mismos con toda nuestra historia vivida, ese núcleo espiritual que hemos llamado “alma”, sobrevive a la muerte. Ha pasado a la eternidad. Ya no está en el tiempo ni se hace presente en nuestro cuerpo. De aquí que podamos expresar nuestra voluntad de que al morir, nuestros órganos puedan ser donados a personas que los necesiten para seguir viviendo o vivir de una manera más plena. Hace ya muchos años, un papá que era atendido en cancerología le dijo a su familia: “Fíjense que he firmado un documento en el cual expreso mi voluntad de que al morir, si es necesario extraer y examinar algún órgano de mi cuerpo para investigar sobre esta enfermedad, lo hagan para bien de los demás”. La donación de órganos después de que hemos muerto no significa ninguna injuria ni a Dios ni a nuestra persona. Aquellas partes del cuerpo que se donan siguen siendo en otros, expresión de la bendición de Dios que cada uno de nosotros somos. 

+ La segunda: También comprendí que es muy necesario que, si queremos donar algún órgano después de nuestra muerte, lo comuniquemos a nuestros familiares y lo expresemos por escrito. Desde hace años en algunos Estados de la República, a quien va a solicitar su licencia de manejar se le pregunta de manera expresa: “¿Es usted donador de órganos?” Y la respuesta queda impresa al reverso de la licencia. Pero esto lo hemos de dar a conocer a nuestros familiares, porque a ellos se preguntará sobre nuestra voluntad de donadores cuando hayamos muerto y porque así puedan expresar nuestra voluntad sin que sientan que nos ofenden al permitirlo. 

• Pero, ¿cómo saben que ya estamos muertos? El signo que nos indica la muerte de una persona es que haya cesado total e irreversiblemente toda su actividad cerebral. Eso indica que el tallo y la corteza cerebral están destruidos, el cerebro está muerto y no hay forma de volverlo a la vida. Una manera de conocerlo es que al hacérsele a la persona un encefalograma, éste resulte plano durante el tiempo que dé la certeza de que ha cesado de manera irreversible toda actividad en el cerebro. La legislación mexicana manda que el electroencefalograma demuestre ausencia total de actividad eléctrica cerebral en dos ocasiones diferentes con espacio de cinco horas, y claramente señala esta condición: se ha de “Comprobar, previamente a la extracción de los órganos y tejidos y por un médico distinto a los que intervendrán en el trasplante o en la obtención de los órganos o tejidos, la pérdida de la vida del donante…”.

Vaya nuestro reconocimiento a tantas personas que han dedicado años y años de su vida al estudio y a la investigación y han hecho posible que ahora puedan realizarse los trasplantes de órganos. Vaya también nuestro reconocimiento y gratitud a quienes han expresado su voluntad de donar sus órganos una vez muertos, y pidamos a Dios nuestro Padre, que fortalezca y haga sentir una gran paz a quienes en vida han donado un órgano de su cuerpo para que, sin riesgo ni menoscabo de su salud, otra persona pudiera seguir viviendo. 

Sabemos de muchas personas que pueden seguir viviendo o llevar una mejor calidad de vida, si permitimos a nuestros órganos seguir viviendo en ellos después de nuestra muerte. Reflexionemos, decidamos y expresémoslo a nuestros familiares.

About admin

Error

Iglesia de las periferias

Con gran alegría en el Señor, éste 22 de febrero se inauguró la jornada médica-misión …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *