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Comunicado: Día Internacional de la mujer

Comunicado 10-20

DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER

Cada año, el 8 de marzo, se celebra el Día Internacional de la Mujer. Su celebración en nuestra Patria, este año está enmarcada por la indignación y el enojo que en toda persona han causado los asesinatos de mujeres, niñas, jóvenes y adultas, que en su inmensa mayoría están impunes. Sin embargo, no es sólo eso. Las marchas y el paro son también una expresión de la opresión sentida desde hace mucho tiempo por muchas mujeres en nuestra cultura, desde el hogar. 

Hace casi 25 años escribía el Papa San Juan Pablo II en su Carta a la Mujer: “Por desgracia somos herederos de una historia de enormes condicionamientos que, en todos los tiempos y en cada lugar, han hecho difícil el camino de la mujer, despreciada en su dignidad, olvidada en sus prerrogativas, marginada frecuentemente e incluso reducida a esclavitud. Esto le ha impedido ser profundamente ella misma y ha empobrecido la humanidad entera de auténticas riquezas espirituales. No sería ciertamente fácil señalar responsabilidades precisas, considerando la fuerza de las sedimentaciones culturales que, a lo largo de los siglos, han plasmado mentalidades e instituciones”. 

Y hace poco menos de 4 años, el Papa Francisco expresaba: “aunque hubo notables mejoras en el reconocimiento de los derechos de la mujer y en su participación en el espacio público, todavía hay mucho que avanzar en algunos países. No se terminan de erradicar costumbres inaceptables. Destaco la vergonzosa violencia que a veces se ejerce sobre las mujeres, el maltrato familiar, y diversas formas de esclavitud que no constituyen una muestra de fuerza masculina sino una cobarde degradación. La violencia verbal, física y sexual que se ejerce contra las mujeres en algunos matrimonios contradice la naturaleza misma de la unión conyugal… La historia lleva las huellas de los excesos de las culturas patriarcales, donde la mujer era considerada de segunda clase, pero recordemos también el alquiler de vientres y la mercantilización del cuerpo femenino en la actual cultura mediática” (A L 54).      

Al celebrar en nuestra Patria el Día Internacional de la Mujer, hay en toda persona de buena voluntad un reclamo que exige: “Ni una más”. Con el reclamo vaya también la firme decisión de comprometernos a que sea realidad ese “ni una más”: ninguna mujer asesinada, abusada o violentada, ni las que se desarrollan en el vientre de su madre desde recién concebidas, ni las niñas, jóvenes o adultas. Esto es urgente, como lo es también el reclamo y exigencia de “Ni uno más” en relación al varón. No se respeta la dignidad de una mujer cuando le matan o desaparecen a un su hijo, a su papá, a su esposo o a un su hermano. Sin embargo, no hemos de dirigir nuestra atención sólo a esos aberrantes hechos de violencia en contra de la mujer. Si cada uno y cada una miramos nuestro convivir diario, ese que no está teñido de sangre ni aparece en las notas del periódico, tal vez descubramos que nos queda mucho por hacer para que el reconocimiento de la igual dignidad de la mujer y el varón sea realidad. Fácilmente nos acostumbramos a mirar como normal lo que hacemos, por ello les invito a preguntarnos: ¿qué de nuestro trato familiar no miraría bien una visita de mucha confianza que viera nuestro vivir diario? 

Hace años y lejos de aquí en la relación esposo-esposa había esta postura machista en muchos hogares: “Mi dinero, tus hijos”. Mucho se ha caminado y ahora para todos es claro que la expresión correcta es “nuestros hijos y es nuestro dinero”. Entre los dos engendraron a los hijos y a los dos el Señor se los confió, y también, el dinero ha sido ganado entre los dos, aunque muchas veces lo reciba sólo el esposo. También hace mucho y lejos de aquí, al caminar por una ladera muy hermosa, cruzada por una pequeña corriente de agua nueve meses al año, pregunté quién era el dueño. Era uno de los señores que me acompañaban. Le dije: “¿Por qué no pones una huerta?”. Me respondió: “¿Para los yernos, padre?” Tenía cinco hijas. Le reclamé. Hace no tanto tiempo, pero sí lejos de aquí: si un hijo de ejidatario se casaba con una muchacha de otra comunidad, podía recibir o heredar parcela; pero si una hija de ejidatario se casaba con un muchacho de otra comunidad, no podía ni recibir ni heredar parcela. Ni pongo lugar ni pongo fecha: una anciana le dijo a su comadre: “Mi hijo me quiere sacar de mi casa”. Un muchacho le dijo a su madre cuando le pidió un mandado: ¿cuánto me vas a pagar? No nos acomedimos para terminar juntos la jornada diaria y dejamos a mamá y a alguna hermana recogiendo la mesa y arreglando las cosas. Dios quiera que ya haya quedado muy lejos aquello de dar en matrimonio a la hija recibiendo una dote conveniente o aquello otro de, por decirlo de alguna manera, “alquilar” a la hija adolescente en eso del turismo sexual.   

Hay mucho por hacer para lograr el equilibrio entre la igualdad y la diferencia de hombre y mujer: igualmente humanos, portadores de igual dignidad, pero diferentes. Entre su igualdad y su diferencia ha de buscarse un equilibrio, pero logrado no simplemente admitiendo el mismo valor de un lado y de otro, como cuando una balanza se equilibra poniendo igual peso en un platillo y en el otro. Se ocupa que ese equilibrio sea armonioso. La igualdad y la diferencia de las mujeres y los hombres se perciben mejor en la perspectiva de la relación, no del enfrentamiento, en la perspectiva del “estar con”, no en la perspectiva del “estar contra”. “La relación hombre-mujer, pues, debería reconocer que ambos son necesarios porque poseen, sí, una naturaleza idéntica, pero con modalidades propias” (Papa Francisco). 

Este sea momento para mirar nuestros hogares y desde ahí hacer hábito aquel trato que en el respeto de los derechos y en el cumplimiento de las obligaciones, es la base que facilita el desarrollo personal de cada uno y de cada una, y la convivencia pacífica y enriquecedora de todos. Y esto mismo sea bendición en las instituciones.

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Acapulco, Gro. 2 de Julio de 2020. MUY QUERIDAS HERMANAS, MUY QUERIDOS HERMANOS:Les saludo con …

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