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Atender las medidas preventivas ante la temporada de lluvias

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: «La Paz esté con ustedes». Ya inició la temporada de lluvias, hago un llamado para que estemos atentos a las indicaciones de las autoridades, sobre todo a quienes viven en zona de alto riesgo.

Atender las medidas preventivas ante la temporada de lluvias

La semana pasada en la reunión del Consejo de Cáritas se trató el tema de los protocolos de seguridad que hemos de tener presentes ante alguna emergencia. Ya ha iniciado la temporada de huracanes este mes de mayo y concluirá en noviembre. Se pronostican 24 en las costas del Pacífico. Por ello es bueno recordar algunas de las medidas preventivas que tantas veces nos han recomendado:

1.- En el territorio de nuestra Arquidiócesis tenemos una parte de sierra, donde el riesgo se presenta como deslaves que obstruyen los caminos o dañan viviendas. Esto nos obliga a estar atentos a la consistencia de las laderas donde se han construido algunos de nuestros pueblos y caseríos. Hay otra parte entre la sierra y la costa, cuyo peligro más inmediato son los escurrimientos, por lo que se ocupa estar atentos al caudal de los ríos y arroyos, para evitar exponernos a ser arrastrados por la corriente; y en la región de la costa, el riesgo mayor son los huracanes que azotan, arrastran cosas y hacen crecer el caudal de los ríos. Cuando es muy probable la llegada de alguno de ellos, la Autoridad nos dará oportunamente las indicaciones pertinentes para ponernos a resguardo. Hemos de estar atentos a sus indicaciones y obedecerlas. En algunas ciudades también se corre el riesgo de que la basura tape las coladeras o el drenaje y el agua entre a las casas. También por esto es una contribución muy importante al bien común no tirar basura a la calle.

Con la temporada de lluvia aumenta el peligro de las descargas eléctricas por los rayos. Sobre todo en el campo es necesario observar las recomendaciones que se nos han dado. Realizar las labores por la mañana y regresar temprano a casa. En caso de estar bajo tormenta, alejarnos de todo lugar elevado, no buscar guarecernos bajo árboles aislados, ni acercarnos a postes, alejarnos de objetos metálicos. No correr durante la tormenta y menos con la ropa mojada. Apagar nuestro celular. Llevar nuestro hule para cubrirnos y ponernos en cuclillas con las manos en las rodillas mientras pasa la tempestad. Parece ser que el lugar más seguro para guarecernos es un vehículo cerrado: “apagar el motor, bajar la antena de la radio y desconectarla, cerrar las ventanillas y las entradas de aire. En caso de caída de un rayo el vehículo se cargará sólo por el exterior mientras que el interior quedará intacto, fenómeno conocido como «Jaula de Faraday». Debe evitarse tocar las partes metálicas del vehículo, incluso al salir de un vehículo que ha recibido una descarga. En caso de ir conduciendo y verse sorprendido por una tormenta conviene disminuir la velocidad y no detenerse en zonas por donde pueda discurrir gran cantidad de agua”.

2.- Un riesgo que abarca las tres regiones de nuestra Arquidiócesis son los sismos. Esto nos exige ser diestros para salir a los espacios más seguros en cuanto inicie un temblor, porque no sabemos de qué intensidad o duración va a ser. Más vale que nos pongamos a buen resguardo, aunque el temblor resulte benigno, y no que por “confiados” no nos protejamos en uno que sí lo requiera.

3.- Todos hemos de tener muy claro qué hemos de hacer en un caso de emergencia, hacia dónde ir, cómo reunirnos, de qué forma localizarnos. Es necesario haber localizado los lugares más seguros a donde dirigirnos en caso de una emergencia o los albergues temporales que la comunidad o la sociedad ofrece para las familias. Sería muy conveniente que los papás se reunieran con sus hijos y platicaran cómo actuar en un caso de emergencia: a dónde ir, dónde encontrarse, cómo comunicarse, qué llevarse.

4.- Hemos de tener los documentos importantes en una bolsa de plástico y en un lugar bien identificado; lo mismo que alimentos, como frijol, harina de maíz, arroz, pastas, aceite, enlatados y agua embotellada. Una linterna de pilas es indispensable.

5.- Estar atentos a las noticias y recomendaciones que nos den las autoridades. Obedecer sus indicaciones. Si se vive en el campo, atender los niveles de los ríos y la estructura de las laderas.

6.- Conservar la tranquilidad para pensar y actuar de manera prudente, y así no poner en riesgo la propia seguridad o la de la familia.

7.- Pido a las comunidades parroquiales mirar si es posible acondicionar algún espacio para albergue en caso necesario y tener una despensa básica para brindar alimentos los dos primeros días de la emergencia.

Cada día hemos de encomendarnos al Señor y confiar en su Divina Providencia.

Con mi oración y bendición.

    En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González
Arzobispo de Acapulco

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