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Timonel

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. Hemos celebrado las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María, en ellos vemos el anhelo de un mundo mejor, más humano, fraterno, que busque siempre el bien de los demás. Hagamos de nuestro corazón una casa para todos.

El deporte: riqueza educativa para la sociedad

Es grande el entusiasmo suscitado por la inminente celebración del Campeonato Mundial de Futbol. Aprovechemos este momento y dirijamos nuestra atención al deporte para reconocerlo como una riqueza educativa a disposición de todos, tanto de jugadores como de espectadores. Resalto algunos aspectos de esa riqueza educativa. Lo hago mirando algunas actitudes que necesitamos cultivar en nuestros días e inspirado en algunas páginas de ese nuevo documento del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana, titulado “Dar lo mejor de uno mismo”.

+ El deporte nos ayuda a comprender que la libertad no consiste en hacer lo que uno quiera o se le antoje, sino en dar lo mejor de nosotros mismos observando las normas que rigen el juego, y que el no respetar esas normas trae consigo consecuencias que nos ayudan a no volver a hacer lo mismo. Como cuando en el futbol me llevo el balón con la mano y marcan penalti, o como cuando insulto al árbitro y soy expulsado del partido. Si las violaciones de las normas quedaran impunes, no se podría jugar. Tampoco en la vida es posible seguir el juego, si eso pasa. No hay que esperar el castigo para actuar bien. “El deporte nos recuerda que ser verdaderamente libres es también ser responsables”.

+ Con tanto adelanto de la ciencia y la técnica nos hemos acostumbrado a lograr las cosas de manera inmediata y fácil: se da vuelta a una manija y ya se tiene la flama en la estufa; se sube un botón y se ilumina la habitación; desde lejos se hace un clic y en la pantalla aparece la imagen… y renegamos cuando esto no ocurre de manera inmediata. Pensar así la vida es fuente de muchas frustraciones personales y malos momentos para los demás. La vida no es así y el deporte nos ayuda a comprenderlo. El deporte nos habla de la necesidad del esfuerzo y el sacrificio para lograr alcanzar las metas. El subir algún cerro o escalar una gran montaña nos dice que con paciencia y perseverancia hay que dar un paso y otro paso, aunque a veces cueste mucho caminarlo. Sólo así se tiene la alegría de mirarse en un sitio donde no hay que dar un paso más, porque se ha llegado a lo más alto. Son años de esfuerzo diario los que hacen un atleta. Son años de esfuerzo diario los que fortalecen nuestro carácter, los que nos permiten coronar ideales, entrar por la puerta estrecha de la que nos habla el Señor Jesús.

+ Otra cosa muy importante que el deporte nos enseña es que la verdad y la justicia no son apreciaciones subjetivas, sino situaciones objetivas. En el futbol la pelota ha de cruzar la raya de la portería para que pueda marcarse un gol. Si le faltó poquito, eso le faltó y no es gol. Y si el árbitro lo diera por bueno, con toda verdad diríamos que el árbitro se equivocó y que se cometió una injusticia contra el equipo afectado. No es la apreciación del árbitro ni el griterío de la gente lo que hace que haya un gol: solo hay gol si el balón pasa completamente la raya de la portería. La verdad no depende de la cantidad de votos, sino de la realidad y lo mismo la justicia.

+ Para poder participar en un deporte es necesaria la colaboración de muchas personas y la aceptación de las reglas del juego. “En este sentido, las dinámicas del deporte son contrarias a las de la guerra, que tiene lugar cuando la gente cree que la colaboración ya no es posible y cuando hay una falta de acuerdo en reglas fundamentales”. Y además hay otra cosa muy importante: “En el deporte, el competidor está participando en un concurso gobernado por reglas, no contra un enemigo que debe ser aniquilado. Por eso, es el oponente el que hace al atleta sacar lo mejor de sí mismo, y así la experiencia de competir puede ser muy divertida y atractiva”. La gran habilidad del extremo izquierdo hace que el defensa derecho se esfuerce y ponga sus mejores recursos para poder detenerle. La gran destreza del portero obliga a los delanteros contrarios a buscar la finura de su toque y colocar el balón donde no le sea posible llegar. Por ello, al final de la competencia, porque han sido ocasión uno para otro de su mejor esfuerzo, “los adversarios” estrechan sus manos, se felicitan y se dan palabras de ánimo.

+ El 3 de febrero de 1984, el Papa San Juan Pablo II decía a la Selección Mexicana de Futbol, que la actividad deportiva “debe ser ocasión ineludible para practicar las virtudes humanas y cristianas de solidaridad, lealtad, buen comportamiento y respeto a los demás, a los que hay que ver como competidores y no como meros adversarios o rivales.” Esto también está implicado en “el juego limpio” que ahora se pide a los competidores. Y hay muchas formas de vivirlo sin dejar de dar lo mejor de uno para sacar un buen resultado. Un seminarista me comentó que en un partido de la liga municipal en Morelia, al salir a cortar un centro uno de sus compañeros lo tropezó y cayó hacia atrás golpeándose la parte posterior de la cabeza. Abrió los ojos y no veía, solo chispitas, y dijo: “No veo”. Quien estaba más cerca de él y lo escuchó fue un contrario. A pesar de que la jugada todavía estaba en el área, aquel señor le ayudó a levantarse y lo llevó a un lado para que se recuperara. : “No te apures, Güero, se te va a pasar”. El árbitro lo vio y detuvo el juego. El “Juego limpio” no solo es necesario para el buen desarrollo de un encuentro deportivo, es condición necesaria para poder vivir en sociedad.

Es grande nuestra afición y Dios quiera que disfrutemos mucho al ver que nuestra Selección Grande llega más allá de donde hasta ahora ha llegado en campeonatos mundiales. Sin embargo, no sería una tragedia existencial el que no lo lograra. No esperemos del deporte más de lo que puede darnos. Jugamos o miramos jugar para descansar, para distraernos y volver a casa más en paz, tranquilos, con más endorfinas que nos ayuden a sonreír y servir de buena gana a los demás, mediante el cumplimiento responsable de nuestro trabajo y quehacer. De esta manera el deporte nos ayuda a ser lo que Dios ha hecho de nosotros, una bendición para el mundo.

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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Timonel: “POBREZA Y DERECHOS HUMANOS”

Timonel 02 de Septiembre de 2018 Queridos amigos y lectores de Mar Adentro: Les saludo …

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