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Timonel: “POBREZA Y DERECHOS HUMANOS”

Timonel 02 de Septiembre de 2018

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. Hemos iniciado el mes de septiembre, en el que, nuestro fervor Patrio nos llevara a diversas expresiones de amor a México. Esforcémonos por hacer de nuestra querida Nación, un lugar más digno y mejor para vivir. 

POBREZA Y DERECHOS HUMANOS

El pasado jueves 23, de parte de “Guerrero es primero”, tuvieron la bondad de invitarme a un encuentro que tuvo como tema: la pobreza desde los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales de las personas. Me dio mucha alegría mirar tantas personas expresando un fuerte compromiso en la búsqueda de mejores políticas públicas para disminuir “la condición de carencia de ingresos suficientes y de falta de acceso a satisfactores y servicios esenciales para vivir”, como definieron la pobreza. Me pareció muy luminosa la que, a mi entender, fue la orientación base del proyecto: que en la lucha contra la pobreza, siempre se avance con los mejores recursos, partiendo de las circunstancias concretas de las personas, activando sus capacidades. Y se hizo referencia a 4 proyectos productivos en 4 ciudades de la Costa Grande.

Hubo tres comentaristas que hicieron señalamientos muy valiosos. Uno de estos comentarios fue que entre los derechos que se enunciaban debía también incluirse el derecho a la vida. Me pareció una indicación fundamental, porque si no tenemos la seguridad de que se respete nuestra vida o miramos nuestra vida amenazada, nos llega el miedo que puede convertirse en ansiedad y angustia. Pocas pobrezas son tan grandes como la que tenemos cuando el miedo o la angustia no nos permiten conciliar el sueño ni saborear los alimentos ni salir de casa ni permanecer en la comunidad… Y eso aunque en derredor nuestro haya todos los servicios públicos y tengamos con que gastar y nuestra casa tenga piso de mosaico y contemos con el Seguro Social. La amenaza sobre la vida nos hace dejar todo eso y emigrar a otra parte, “a comenzar de nuevo”. El miedo provocado por la inseguridad es un indicador de una pobreza muy visceral.

Otro comentarista nos recordó que la pobreza tiene rostro, tiene nombre: el de cada persona pobre con quien encontramos, y nos invitó a bajar a lo concreto en los proyectos. Una sugerencia suya, muy bien recibida por los asistentes, fue que los proyectos productivos se pusieran en manos de la sociedad civil y que se consultara a los pobres para diseñar ellos dichos proyectos. Esta invitación a no quedarnos en generalidades me hizo recordar algunas cosas muy concretas, dentro de las posibilidades de muchos, que pueden ayudar a disminuir la pobreza. Comparto estas cinco con ustedes:

+ Cuando los recursos son pocos, se han de administrar muy sabiamente: hemos de distinguir entre necesidad y gusto. La necesidad en algún momento puede quedar satisfecha, el gusto no tiene límite: sólo podemos ponernos un sombrero, ahí queda satisfecha la necesidad; en cambio el gusto por los sombreros no puede satisfacerse: siempre es posible desear otro más. Si nos descuidamos en gustos, podemos dejar descubiertas necesidades básicas; si nos centramos en las necesidades, puede ser que en algún momento queden satisfechas y tengamos un algo para compartir. Un señor después de vivir un retiro, le dijo a su esposa: “Te prometo que a partir de ahora el sueldo llega completo a tus manos”. Buen propósito, para administrarlo juntos en bien de todos.  

+ Las necesidades fundamentales son cinco: todo lo que mira a la alimentación, al vestir, a la habitación, a la educación y a la salud. Reunirse en familia y hacer una lista de las necesidades en esos cinco apartados, puede orientar con prudencia nuestras compras. A mí me remuerde la conciencia haber visto una y otra vez el reparto de “las ayudas” que eran gastadas en el tianguis que se ponía ahí al lado, en cosas que muchas veces no sólo no eran necesarias, sin dañinas para la salud. No fuimos capaces de orientar a muchos de nuestros laicos en la administración de esos recursos. En relación a la salud, nadie se quede sin tener un seguro. Si no tenemos otro, vayamos al Seguro Popular. Es verdad que no cubre todo, pero sí atiende muchos padecimientos muy frecuentes y muy graves, y hemos de reconocer que la Secretaría de Salubridad tiene en nuestra Patria muy buenos hospitales.

+ Reunirse los miembros de la familia grande o juntarse con los vecinos más cercanos para ver qué compras comunes pueden realizar. Sale un poco menos caro. 

+ Servirnos únicamente lo que nos vamos a comer. Lo que quede en la cazuela puede ser un recalentado o el bocado que se comparte. No dejar que se eche a perder comida. Compartir la ropa que está en buen estado y ya no utilizamos o ya no nos viene. No dejar que se apolille. 

+ No muera con nosotros lo que sabemos: los abuelos y los papás enseñen a sus hijos las habilidades que tienen. Una señora de allá junto a la frontera con Guatemala nos compartía con tristeza: “Ninguna de mis hijas quiso aprender aquello con las que las saqué adelante en la universidad”. Le preguntamos cómo le había hecho, y dijo: “Hago pan y se vende bien”. Las habilidades de los abuelos y los papás son recursos que en algún momento pueden sacar de una necesidad grande: que sepan cocinar los platillos de la región, de la familia; que en el taller del papá aprendan de mecánica, se enseñen a pintar, a arreglar tuberías, que la abuela les enseñe las manualidades que sabe… 

No puedo dejar de hacer la invitación que reiteradamente he hecho al visitar las comunidades: tener en el patio de casa dos metros de hortaliza o, si no se tiene patio, cinco macetas con plantas comestibles. 

Con toda seguridad Usted tiene en mente otras muy buenas sugerencias. Por favor compártalas. Ayudándonos podemos aminorar la pobreza. Que no muera con nosotros, lo que sabemos.

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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