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Timonel: Intensifiquemos nuestra oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro: Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: «La Paz esté con ustedes». este mes de julio en las distintas instituciones educativas se están llevando a cabo las clausuras o fin de cursos, invito a todos los estudiantes y profesores a seguirse comprometiendo en la educación, sobre todo de llevar los conocimientos aprendidos a la práctica, en el ánimo de buscar una sociedad mejor, en la que se construya la paz, la justicia y la igualdad.

Intensifiquemos nuestra oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada

Este mes, del 15 al 21 de julio, viviremos una semana muy importante en la vida de nuestra Arquidiócesis. Son días de grande esperanza. Adolescentes y jóvenes que sienten alguna inclinación a la vida sacerdotal viven su Preseminario. Durante el año ya han sido acompañados por sus párrocos y se han entrevistado con el P. Encargado de la pastoral vocacional. Ahora se reúnen en un ambiente más favorable para escuchar, con un poco de mayor claridad, el llamado que Dios les hace en su interior.

Estos adolescentes y jóvenes nos recuerdan que la vida la hemos recibido de Dios a través de nuestros padres, y que la primera pregunta que hemos de hacernos para decidir el rumbo de nuestros días es: “Señor, ¿qué quieres de mí? ¿Qué debo hacer?”. El llamado del Señor para todos es a la santidad. Todas las demás respuestas a esas preguntas solo son concretizaciones de nuestra vocación a la santidad. El Señor nunca nos llama a hacer algo malo o a causar algún daño a nuestra persona o a los demás.

Nuestro Señor se vale de muchos medios para hacer resonar su voz en nuestra conciencia. Nos habla en el silencio de la oración, cuando meditamos su Palabra, a través de los buenos deseos que Él nos inspira. Pero también nos llama por medio de las necesidades que sufren nuestros hermanos.

El Buen Pastor, también a través de nosotros, hoy quiere acercarse a tantas familias desintegradas, a los muchos jóvenes que no encuentran sentido a su vida, a hombres y mujeres esclavos en sus vicios, a las víctimas de la absurda violencia que sufrimos, y a quienes la perpetran para llamarlos a la conversión. Quiere acercarse a cada uno de quienes formamos la sociedad para hacernos ver que somos bendición suya unos para otros.

Nadie dude de que el Señor lo llama a ser su amigo, su discípulo, su colaborador en el plan de salvación que nos propone. Por estar bautizados, formamos parte del Pueblo de Dios, estamos llamados a vivir en gracia y a dar testimonio de virtud: porque bautizados somos sus enviados. En este contexto se sitúa el llamado al sacerdocio, que estos adolescentes y jóvenes intuyen en su interior. Por ello, han de tener valentía y decisión para seguir de cerca a Jesús, rectitud y limpieza de corazón para imitarlo, ganas de estudiar y capacitarse para servir a los demás, disponibilidad para vivir en obediencia renunciando a gustos personales, aceptación alegre de todas las exigencias de una vida en comunidad. 

La determinación personal no es la raíz de la vocación. El llamado es anterior a la respuesta, y es una gracia del Señor: “No me han elegido ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes”.  Por ello, les pido que en este mes intensifiquemos nuestra oración por las vocaciones pidiendo al Señor, de modo especial, que llame a muchos a seguirlo en el sacerdocio, y a los que ya nos ha llamado, nos conceda el don de la fidelidad.

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