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Timonel 22-07-18

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. Estamos próximos a celebrar la fiesta de Santiago Apóstol, hombre atrevido y valiente para predicar el evangelio: “Acérquense a Dios, y Él se acercará a ustedes” (St 4, 8). Que su testimonio nos impulse a seguir anunciando la Buena Nueva de Jesús en nuestras comunidades.

 

María Magdalena: modelo para ver a Jesús “desde el corazón”

Hace dos años el Papa Francisco elevó a la categoría de fiesta, la celebración de Santa María Magdalena, el 22 de julio. Con esta determinación el Papa quiso poner ante nuestros ojos el gran valor de la figura evangélica de María Magdalena como mujer del anuncio, del gran anuncio. Ella anunció a los apóstoles aquello que ellos habrían de anunciar a todo el mundo: que el sepulcro de Cristo está vacío, que el Señor ha resucitado y les espera en Galilea. Por ello, desde antiguo, es llamada “apóstola de los apóstoles”. Muchos han hecho notar que, si los evangelios fueran cosa inventada, esta página no hubiera sido escrita, porque a nadie se le habría ocurrido confiar el testimonio del hecho que fundamenta la fe cristiana a una mujer, cuyo testimonio en aquella época carecía de valor. El Papa nos la ha presentado como un modelo para ver a Jesús “desde el corazón”: “en ocasiones, en la vida, los anteojos para ver a Jesús son las lágrimas”, las que derramamos por nuestros pecados y las que hemos de llorar por el dolor de nuestros hermanos. Con ojos llenos de lágrimas María Magdalena vio a Jesús la mañana de la resurrección.

 

El dar especial relieve a esta celebración tiene lugar en el contexto del gran desafío de nuestra época por reconocer el lugar de la mujer en los espacios donde se toman decisiones importantes, tanto en la sociedad como en la Iglesia.

 

La mujer en la sociedad  

La mujer tiene una sensibilidad, una intuición y unas capacidades que son más propias de ella que del varón, todo eso que constituye “el genio de la mujer” y que es un aporte indispensable para el auténtico progreso de la sociedad. Un ejemplo, que señala el Papa, es “la especial atención femenina hacia los otros, que se expresa de un modo particular, aunque no exclusivo, en la maternidad”. “Porque este genio femenino es necesario en todas las expresiones de la vida social, se ha de garantizar la presencia de las mujeres también en el ámbito laboral” y en los espacios donde se toman las decisiones importantes. Y no sólo como algo funcional. En una de sus homilías en Santa Martha el Papa insistió: “Muchas veces escuchamos: ‘Es necesario que en esta sociedad, que en esta institución haya una mujer para hacer tal cosa…’. No, no. La funcionalidad no es el propósito de la mujer. Es verdad que la mujer debe hacer cosas, y hace cosas como todos los demás. El propósito de la mujer es la armonía en el mundo”. “La explotación de las personas es un crimen de lesa humanidad, es verdad. Pero la explotación de la mujer es un crimen mayor, porque destruye la armonía que Dios ha querido dar al mundo”… “La mujer es la armonía, es la poesía, es la belleza. Sin ella, el mundo no sería así de hermoso, no sería armónico. Me gusta pensar que Dios creó a la mujer para que todos nosotros tuviéramos una madre”. Miremos el trato que damos a la mujer en nuestro hogar, en nuestro trabajo, en el relacionarnos de cada día. Si descubrimos alguna sombra de machismo, de mirarle menos, con sinceridad reconozcámosla, hagámosla consciente y estemos atentos para que no influya más en nuestro actuar. Todos, varones y mujeres, colaboremos a quitar la violencia en el hogar: la física, de golpes, aruños, empujones… la psicológica, de desprecio, de no tomar en cuenta, de hacer vacío… la verbal, de injurias, palabras o gestos despectivos o soeces… la íntima, que violenta de alguna manera la entrega amorosa del esposo y la esposa. En la sociedad todo asesinato, de varón y mujer, sea investigado en su verdad y en cada uno se actúe en justicia. Ninguno quede en la impunidad. Cuando se descubra que se trata de un feminicidio, de un asesinato de la mujer por ser mujer, se tomen las medidas pertinentes para restablecer cabalmente la justicia y así velar por el cuidado de toda mujer.

 

La mujer en la Iglesia 

También en la Iglesia hemos de seguir en el esfuerzo por reconocer el lugar de la mujer en los espacios donde se toman decisiones. Los consejos de pastoral parroquiales y diocesanos, el Consejo Diocesano de Laicos, las estructuras pastorales son espacios donde su presencia no puede faltar. “Reconozco con gusto – nos dice el Papa – cómo muchas mujeres comparten responsabilidades pastorales junto con los sacerdotes, contribuyen al acompañamiento de personas, de familias o de grupos y brindan nuevos aportes a la reflexión teológica; pero todavía es necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia”.

 

Con mucho cariño hemos de cuidar que no se pierda el papel de la mujer como transmisora de la fe. En una homilía el Papa expresó: “Son las mamás, las abuelas quienes transmiten la fe… una cosa es transmitir la fe y otra es enseñar las cosas de la fe. La fe es un don. La fe no se puede estudiar. Se estudian las cosas de la fe, sí, para comprenderla mejor, pero con el estudio jamás tú llegas a la fe. La fe es un don del Espíritu Santo, es un regalo, que va más allá de toda preparación y es un regalo que muchas veces pasa a través del “hermoso trabajo de las mamás y de las abuelas, el hermoso trabajo de aquellas mujeres” de la tía, de la empleada doméstica que transmite la fe”. Cuando las mamás rezan con sus hijos, antes de acostarse para dormir siembran la fe en ellos: les hacen sentir a Dios presente, ahí junto, tan cerca que no necesitamos gritarle, tan cercano que le interesan nuestras cosas de cada día,… lo mismo sucede cuando junto con sus hijos dan gracias a Dios antes de comer o le suplican en alguna necesidad, cuando entran con ellos al templo y los persignan… Esa semilla de fe es muy valiosa.

 

Santa María Magdalena nos ayude a caminar en busca del Señor: Él nos saldrá al encuentro y nos llamará por nuestro nombre. Entonces lo reconoceremos, también con los ojos llenos de lágrimas.

 

Con mi oración y bendición

 

En Dios, nuestro Padre

 

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

 

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