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Timonel 14

Timonel 17 de Diciembre de 2017

 

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

 

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. Al acercarnos a la Navidad, las posadas nos recuerdan el camino de José y María para encontrar un lugar al Niñito Dios, dejemos que encuentren en nuestro corazón un lugar agradable, calientito y digno para que nazca. Hagamos lo necesario para que así sea.

 

LAS POSADAS: PREPARACIÓN A LA NAVIDAD

 

Rápido ha ido pasando el tiempo de Adviento y ya estamos viviendo la novena de Navidad, más conocida como “días de las posadas”. Aquí y allá encontramos familias y comunidades llevando las imágenes de María y de José, acompañándoles con cantos y oraciones en su peregrinar por Belén en busca de un lugar donde pudiera nacer Jesús. El recuerdo de aquellos días, en que no hubo para los santos peregrinos un lugar en la posada, nos invita a mirar si en verdad estamos dispuestos a recibir en nuestra vida a Jesús, cuyo nacimiento celebraremos en Navidad, que cada día se acerca a nosotros en las personas que tratamos, en los acontecimientos que vivimos, y que vendrá al final de nuestros días a pedirnos cuentas de nuestra vida.

 

Bien sabemos que Navidad, viene de la palabra latina “Nativitas” que significa nacimiento. No hay nacimiento sin niño. No hay Navidad sin Jesús. ¿En nuestros planes de celebración de la Navidad entra el Niño Jesús? Dice una vieja poesía: “¡Eh!, tú, posadero, / ¿no habrá una habitación para esta noche?/ – Ninguna cama libre. Todo lleno. / Y Dios pasó de largo, qué pena, posadero”. Que el Señor no pase de largo ante nosotros. Dejémosle estar. Él hace surgir lo mejor de nuestra persona también en nuestra convivencia festiva.

 

Para no olvidar que es Jesús a quien esperamos y por ello hacemos fiesta, les invito a que en su hogar pongan un Belén, un nacimiento. Si tienen la imagen del Niño Jesús, de María y de José, qué bueno. Pero si no, pueden poner una estampa sacada del internet, o con cariño y creatividad hacer las imágenes de cartón o de papel. El Belén ocupe el centro del hogar en estos días, para que no se nos olvide que es a Jesús a quien esperamos. En torno a él nos reuniremos la noche de Navidad para orar y cantar, antes de pasar a convivir con sencillez y alegría, y compartir los alimentos.

 

Esperamos a Aquel que viene a reconciliarnos con Dios y entre nosotros. Es tiempo de acercarnos, dejar resentimientos y pedir perdón. Propongámonos poner especial atención para expresar nuestro afecto un día a un miembro de nuestra familia, y otro día a otro y así hasta la Navidad. Veamos si a algún familiar o amigo hace mucho tiempo no le hemos visitado o hablado, y démonos la oportunidad de hablarle, saludarlo y saber cómo está.

 

Esta temporada, de convivencia familiar más cercana, es muy triste para muchas personas porque acentúa su soledad. Muchos ancianos pasan muy solos estos días, y no porque no tengan hijos, nietos o sobrinos; sino porque los han abandonado. Es un buen momento para reintegrarlos a la vida familiar. “Sus palabras, sus caricias o su sola presencia ayudan a los niños a reconocer que la historia no comienza con ellos, que son herederos de un viejo camino y que es necesario respetar el trasfondo que nos antecede” (Papa Francisco). Miremos entre los vecinos si hay alguien que no cuenta con nadie y  hagámonos cercanos. Un breve tiempo de compañía puede significar un gran alivio para ellos.

 

Les invito a que en la semana vayamos un rato ante el Santísimo Sacramento y adoremos a Jesús como lo hicieron los Magos y los pastores. No descuidemos nuestra oración de estos días. La oración nos cambia y al transformarnos, cambia la realidad.

 

Hoy celebramos en nuestra Arquidiócesis el Día del Seminario. Recemos por quienes ahí se preparan. Estos muchachos intuyen que el Señor les llama al sacerdocio, a ser buenos pastores a imagen de Jesús, y buscan responder a su vocación. Se trata de algo que rebasa con mucho nuestras posibilidades, pero, como una vez expresó el Papa Francisco, “en realidad, no es obra nuestra, es obra del Espíritu Santo, con nuestra colaboración”. Por esto, pido su oración por los jóvenes que ahí se forman. Que cada día dejen actuar en ellos al Espíritu Santo,  para formar en su persona la imagen de Jesús, Buen Pastor. Agradezco mucho su limosna. En ella nos comparten su vida, porque es dinero que han ganado gastando su vida en el trabajo. Nos es muy necesaria para el sostenimiento diario. Muchas gracias. El Señor multiplique los frutos de sus trabajos. El Señor nos bendiga con muchos y santos sacerdotes.

 

 

Con mi oración y bendición

 

En Dios, nuestro Padre

 

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

 

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