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Timonel 10

Timonel 19 de Noviembre de 2017

 

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

 

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La paz esté con ustedes”. Al celebrar hoy la Primera Jornada Mundial de los Pobres quiero hacerles llegar la tercera parte de este Texto que estoy seguro nos ayudará a ver en nuestros hermanos necesitados y desprotegidos el rostro de Cristo mismo, para que seamos misericordiosos y generosos con ellos.

 

PRIMERA JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

 

Estando ya para finalizar el Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco escribió una carta para recordarnos que la finalidad de ese Año Santo era hacer que la misericordia fuera nuestro estilo de vivir. Para impulsarnos en este empeño, estableció que cada año se celebrara en toda la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres. El día de hoy, domingo 19 de Noviembre, viviremos la primera Jornada Mundial de los Pobres. En nuestra Arquidiócesis hemos querido vivirla toda la semana, hasta el sábado 25. En cada comunidad parroquial ya se han ido preparando algunas actividades en favor de hermanos nuestros muy desprotegidos, pero todos hemos de abrir nuestro corazón y acoger este llamado del Papa a hacer que la misericordia sea nuestro modo de vivir.

 

El pasado día 13 de Junio, en la fiesta de San Antonio de Padua, el Papa nos envió su mensaje para orientarnos en la manera de celebrar esta Jornada. El Papa empieza su mensaje con esta cita de la primera carta de San Juan: «Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras» (1 Jn 3,18). Y comenta: “Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. La seriedad con la que el «discípulo amado» ha transmitido hasta nuestros días el mandamiento de Jesús se hace más intensa debido al contraste que se percibe entre las palabras vacías presentes a menudo en nuestros labios y los hechos concretos con los que tenemos que enfrentarnos. El amor no admite excusas: el que quiere amar como Jesús amó, ha de hacer suyo su ejemplo; especialmente cuando se trata de amar a los pobres”.

 

¿Cómo es el amor de Jesús? San Juan nos lo presenta con toda claridad. Dos son los rasgos más firmes de ese amor: “Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4,10.19)” Él fue quien porque tomó la iniciativa de amarnos. Sencillamente porque nos quiso. Si Él dispuso todo para que cada uno fuéramos engendrados, quiere decir que estuvimos en su mente y en su querer desde antes de ser concebidos. Todavía ni existíamos y ya el Señor nos amaba. Dios nos amó primero, porque nosotros todavía ni éramos y ya estábamos en su corazón. Por ello, nunca podemos pensar que Dios ha dejado de amarnos. No son nuestras obras las que nos han merecido su amor, sino su bondadoso querer. Y el segundo pilar del amor de Jesús: nos amó dando todo, incluso su propia vida: “En esto hemos conocido lo que es el amor, en que Él dio su vida por nosotros”. En la entrega de su vida, el Señor Jesús se convierte en la perfecta revelación del amor de Dios.

 

“Un amor así no puede quedar sin respuesta”. La Iglesia lo ha comprendido desde los inicios, por ello el servicio a los pobres fue uno de los primeros signos con que la Iglesia se presentó en el mundo. La comunión de bienes fue una de las maneras como la primera comunidad de cristianos vivió este servicio a los más pobres. Escribe el evangelista San Lucas: «Vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,45). Y el Papa señala, “son palabras dirigidas a los creyentes de cualquier generación, y por lo tanto también a nosotros, para sostenernos en el testimonio y animarnos a actuar en favor de los más necesitados”.

 

Ciertamente ha habido muchas ocasiones en las que no hemos hecho caso de esta voluntad del Señor. Con tristeza muchos hemos de reconocerlo en nuestra propia vida. Sin embargo, también es verdad que en cada época ha habido santos que con su entrega a los pobres nos iluminan y nos animan a vivir el amor, no con palabras sino con obras. Su testimonio muestra claramente el poder transformador de la caridad, que es capaz de cambiar nuestra vida, y también nos muestra cuál ha de ser nuestro estilo de vida como discípulos de Jesús.

 

Nos dice el Papa: “No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo provocan estas situaciones de necesidad, sin embargo deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida”. Un compartir que se convierta en estilo de vida. El Papa insiste en que no se trata simplemente de programar unas acciones, cumplirlas y olvidarnos del asunto, sino que hemos de buscar transformar nuestro estilo de vida, un estilo de vida que tenga como característica el compartir.

 

¿Por qué ha de ser así el estilo de vida de quienes creemos en el Señor Jesús? La razón es porque no hay otra forma de encontrarnos con Él y tener su alegría. Cualquier encuentro con Jesús, como “la oración, el camino del discipulado y la conversión encuentran en la caridad, que se transforma en compartir, la prueba de su autenticidad evangélica. Y esta forma de vida produce alegría y serenidad espiritual, porque se toca con la mano la carne de Cristo”.

 

Miremos en derredor nuestro, dejemos que la necesidad percibida nos toque el corazón y hagamos a esa persona el bien que necesita y nosotros podemos brindarle. Esta primera Jornada Mundial de los Pobres nos ayude a vivir cada día con la misericordia del Buen Samaritano, que vio, se conmovió y movió las manos para ayudar al que estaba tirado al lado del camino.

 

 

Con mi oración y bendición

 

En Dios, nuestro Padre

 

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

 

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