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Timonel 09

Timonel 12 de Noviembre de 2017

 

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

 

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La paz esté con ustedes”. Continuando con nuestra preparación hacia la Jornada Mundial del Pobre, les hago llegar la segunda parte de este texto que, considero, nos dispondrá a vivirla con mayor intensidad y compromiso para ayudar a nuestros hermanos pobres.

 

HACIA LA JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

 

El Papa Francisco termina su carta, Misericordia et misera, con una indicación práctica muy concreta: “A la luz del jubileo de las personas socialmente excluidas,… intuí que, como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el Domingo XXXIII del tiempo ordinario, la Jornada Mundial de los Pobres. Será la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el cual se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir de las obras de misericordia”.

 

¿Qué es lo que mueve al Papa a establecer en toda la Iglesia la Jornada Mundial de los Pobres? Él mismo nos lo dice. Son tres cosas: la primera, “Ayudar a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar acerca de la manera en que la pobreza está en el corazón del Evangelio”. ¿Cómo está la pobreza en el Evangelio? ¿Cuál es su lugar en el Evangelio?

 

En una homilía, comentando la colecta que Pablo organiza en favor de los pobres de Jerusalén, dice el Papa nos recuerda que “la pobreza está precisamente en el centro del Evangelio. Si quitamos la pobreza del Evangelio, no se entendería nada del mensaje de Jesús”. “Cuando nosotros ayudamos a los pobres, como cristianos no hacemos obras de beneficencia. Hacer obras de beneficencia es cosa muy buena y humana… pero esta no es la pobreza cristiana, que quiere Pablo, que predica Pablo. La pobreza cristiana es que yo doy de lo mío y no de lo superfluo, también de lo necesario, al pobre, porque sé que él me enriquece. ¿Y por qué me enriquece el pobre? Porque Jesús ha dicho que Él mismo está en el pobre”. Este es el centro del Evangelio, el misterio de Cristo que se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza.

 

La segunda razón por la que el Papa establece la Jornada Mundial de los Pobres es: “ayudarnos a reflexionar sobre el hecho de que mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa, no podrá haber justicia ni paz social”. En esto nos hizo pensar ampliamente en su mensaje para la cuaresma de este año: “Para el hombre corrompido por el amor a las riquezas, no existe otra cosa que el propio yo, y por eso las personas que están a su alrededor no merecen su atención.

 

El dinero puede llegar a dominarnos hasta convertirse en un ídolo tiránico (cf. Exh. ap. Evangelii gaudium, 55). En lugar de ser un instrumento a nuestro servicio para hacer el bien y ejercer la solidaridad con los demás, el dinero puede someternos, a nosotros y a todo el mundo, a una lógica egoísta que no deja lugar al amor e impide la paz”, hace imposible la justicia social. Mientras Lázaro este ahí, tirado a nuestra puerta, no podrá haber justicia ni paz social.

 

Y la tercera razón es esta: “La Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización, con la que se renovará el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia”.

 

La Jornada Mundial de los Pobres será una forma de nueva evangelización. Desde cuando el episcopado latino-americano y del Caribe nos entregó el documento de Aparecida,  hemos buscado vivir la misión evangelizadora de la Iglesia como un comunicar la vida de Jesús y compartir el Reino de la vida de Dios. “Este impulso misionero puede resumirse como un salir al encuentro de las personas, de los pueblos y de las culturas para comunicar el encuentro con Cristo”, y no podemos olvidar que Cristo Jesús es el rostro de la misericordia de Dios. La misión evangelizadora nos lleva a vivir eso que el Papa Francisco nos ha pedido al hacernos ver que somos como un hospital en tiempos de guerra, cuando no se espera que los necesitados de asistencia lleguen, sino que hay que ir por ellos al campo de batalla.

 

Por esto la Jornada Mundial de los Pobres ciertamente será una forma de nueva evangelización, que nos ayudará a mantener nuestro esfuerzo diario de conversión al Señor para ser un testimonio cada vez más transparente de su misericordia, ser buena noticia suya donde quiera que nos encontremos. Dios quiera que en todos nosotros encuentre eco esta indicación del Santo Padre el Papa Francisco y preparemos con cariño y creatividad la celebración de la que será la primera Jornada Mundial de los Pobres. Será una manera de disponernos a vivir el fin del año litúrgico mirando a Cristo Rey del universo, que congrega a todo mundo y a cada uno nos juzga por el trato que le hemos dado en nuestros prójimos más necesitados.

 

 

Con mi oración y bendición

 

En Dios, nuestro Padre

 

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

 

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