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Timonel 05

Timonel 15 de Octubre de 2017

 

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

 

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La paz esté con ustedes”. Hemos vivido a los largo de esta semana una experiencia renovadora en los Ejercicios Espirituales del Presbiterio de Acapulco que nos impulsa a seguir con suma alegría en el desempeño de nuestro ministerio al servicio de todos ustedes. Les pedimos su ayuda para conservar este espíritu alegre que brota de nuestro sacerdocio.

 

CAMBIAR EL FUTURO DE LA MIGRACIÓN. INVERTIR EN SEGURIDAD ALIMENTARIA Y DESARROLLO RURAL

 

El próximo 16 de octubre conmemoramos el Día Mundial de la Alimentación, que tiene como finalidad concientizar a los pueblos del mundo sobre el problema alimentario mundial y fortalecer la solidaridad en la lucha contra el hambre, la desnutrición y la pobreza. El lema de este año es: “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”.

 

Quiero hacerme portavoz del mensaje de la ONU que en la celebración de este año nos dice que: “El mundo está en constante movimiento. Al día de hoy y debido al aumento de los conflictos y la inestabilidad política, se han visto obligadas a huir de sus hogares más personas que en cualquier momento desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el hambre, la pobreza y un aumento de los fenómenos metereológicos extremos relacionados con el cambio climático son otros factores importantes que contribuyen al desafío migratorio.

 

Los grandes desplazamientos de población hoy en día presentan desafíos complejos que exigen una acción a escala mundial. Muchos migrantes llegan a los países en desarrollo, creando tensiones donde los recursos ya son escasos, pero la mayoría, unos 763 millones, se trasladan dentro de sus propios países más que al extranjero.

 

Tres cuartas partes de las personas en situación de pobreza extrema basan sus medios de subsistencia en la agricultura u otras actividades rurales. La creación de condiciones que permitan a las poblaciones rurales, especialmente a los jóvenes, permanecer en sus hogares cuando sientan que es seguro hacerlo y tener medios de vida más resilientes, es un componente crucial de cualquier plan para emprender el desafío migratorio.

 

El desarrollo rural puede abordar factores que obligan a la gente a trasladarse creando oportunidades de negocio y puestos de trabajo para los jóvenes que no sólo están basados en los cultivos (como la pequeña producción lechera o avícola, el procesamiento de alimentos o las empresas de horticultura). También puede conducir a una mayor seguridad alimentaria, medios de vida más resilientes, un mejor acceso a la protección social, una reducción de los conflictos sobre los recursos naturales y soluciones a la degradación del medio ambiente y al cambio climático.

 

Al invertir en el desarrollo rural, la comunidad internacional también puede aprovechar el potencial de la migración para apoyar el desarrollo y aumentar la resiliencia de las comunidades de acogida y desplazadas, sentando así las bases para una recuperación a largo plazo y un crecimiento inclusivo y sostenible”.

 

¿Qué podemos hacer nosotros que no tenemos en las manos muchos hilos del entramado social? Cada quien tiene una muy buena respuesta. Ya decía el Papa Francisco: “Que cada uno, en aquello que dependa de él, dé lo mejor de sí mismo en espíritu de genuino servicio a los demás”. Con mucho respeto expreso tres:

 

  1. No ser una amenaza para los demás: No es haciendo el mal, dañando, como pueden mejorar las cosas. La corrupción: si los recursos para proyectos quedan en manos de gobernantes, líderes e intermediarios, que buscan aprovecharse y no servir, nunca va a mejorar la condición de la sociedad y de las comunidades. Por otra parte, si somos una amenaza unos para otros, ¿cuánto se ha de gastar en contratar cuerpos de seguridad? Allá por 2006 se escribió esto: “Cada minuto mueren de hambre en el mundo 23 niños… ¿por qué lo permite Dios? Sin embargo, durante ese mismo minuto se gasta más de un millón de dólares para comprar fusiles, cañones, bombarderos. Entonces Dios podría decirnos: ¿yo les doy un millón de dólares, y eso no les basta para alimentar a 23 niños? Puedo darles un poco más, pero tal vez podrían intentarlo ya con ese millón de dólares”. En nuestros días, ¿cuánto se gasta en cuerpos de seguridad? Si no nos tuviéramos tanto miedo, tal vez podría reducirse mucho y emplearse en alimentos.

 

  1. Vencer la indiferencia ante quienes padecen hambre. Esto inicia desde nuestra manera de vivir: No podemos ver el gastar como un gusto. Tampoco el adquirir puede mirarse como un gusto. No habría recurso que alcanzara y esto sería fuente continua de insatisfacción. Hemos de preguntarnos: ¿qué necesitamos en realidad? Las necesidades creadas, muchas de ellas por la publicidad o la vanagloria, en realidad no son necesidades, sino gustos y caprichos. Si confundimos necesidad con capricho o gusto, nunca podremos comprender a quien padece necesidad. Y por otra parte, una necesidad objetiva llega un momento en que es satisfecha, y puede darnos el margen para compartir con quien no tiene o crear un trabajo al menos temporal que sería fuente de vida para otras personas… la sencillez de vida es necesaria. Se ocupa una administración correcta de lo que se tiene; reunirse los papas y los hijos mayores: hacer una lista de cosas que se necesitan para no gastar en otras cosas mientras no se tenga eso que realmente se necesita. Acostumbrarnos a salir de casa llevando una botellita de agua, un chayote o una papa cocida, un tamalito, una fruta, una torta o unos tacos. Así tenemos algo para saciar el hambre y la sed, y evitemos gastar en cosas chatarras. Así podemos tener algo para compartir.

 

  1. Producir alimentos. Dos cosas muy sencillas: no desperdiciando lo que tenemos, sino compartiendo de lo que no necesitamos. Acostumbrarnos a servirnos sólo lo que nos vamos a comer. Si queda un poco en la cazuela se puede compartir. Por otra parte, en muchísimas casa puede haber en botes, cubetas o macetas o en el patio algunas plantas comestibles. Tal vez la producción sea poca pero poco y poco es mucha ayuda para que haya más alimento.

 

 

Con mi oración y bendición

 

En Dios, nuestro Padre

 

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

 

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