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Se acerca la semana de los pobres: ayudemos

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. Esta semana hemos concluido, en Coyuca, los Encuentros Regionales de Pastoral en la Arquidiócesis. Han sido una gran oportunidad para mirarnos y sentirnos una sola Iglesia. Hagamos que el fruto de estos encuentros ilumine el caminar de nuestras Parroquias. 

Se acerca la semana de los pobres: ayudemos

Ya está muy cerca la Semana de los Pobres en nuestra Arquidiócesis. Inicia con la Jornada Mundial de los Pobres el próximo domingo 18 de noviembre y concluirá el sábado 24.

Al final del Año de la Misericordia, el Papa Francisco estableció esta Jornada Mundial de los Pobres, con tres intenciones muy hermosas: la primera es “ayudar a las comunidades y a cada bautizado a reflexionar acerca de la manera en que la pobreza está en el corazón del Evangelio”. La segunda: “ayudarnos a reflexionar sobre el hecho de que mientras Lázaro esté echado a la puerta de nuestra casa, no podrá haber justicia ni paz social”. Y la tercera: “La Jornada constituirá también una genuina forma de nueva evangelización, con la que se renovará el rostro de la Iglesia en su acción perenne de conversión pastoral, para ser testimonio de la misericordia”.

Ya se han enviado a las parroquias algunos subsidios por parte de la Pastoral Social para vivir esta semana. He pedido a las comunidades que de la actividad que se realice durante los siete días: quede algo que perdure todo el año. Cada comunidad parroquial vive circunstancias sociales y de desarrollo de vida comunitaria muy propias. Escuchar en ellas qué sea posible realizar durante todo el año en la línea de la misericordia: tal vez un centro de ayuda periódica; si eso no es posible, apoyar a alguna otra parroquia o institución en su servicio a personas necesitadas. En algunos Decanatos ya tienen organizada la manera de apoyarse, mirar si pueden fortalecerla de alguna manera. Cosa muy buena es la promoción de talleres para aprender habilidades sea en la línea de fabricación de artesanías, o de elaboración de alimentos, de ropa, de arreglos en el hogar,… Son muy amplias las posibilidades en este renglón. Basta con preguntar en los grupos de personas mayores o de pastoral familiar sobre sus habilidades y nos damos cuenta de la gran cantidad de cosas que pueden enseñar. La creatividad pastoral nos ayude a descubrir cómo responder a alguna necesidad de las personas más pobres de la comunidad.

También cada uno en particular veamos en torno a nosotros qué obra de misericordia podemos realizar en favor de alguna persona o familia necesitadas. Recordemos las 14 obras de misericordia, las siete corporales y las siete espirituales. Ciertamente alguna de ellas está a nuestro alcance realizar y más de alguna persona o familia en torno nuestro la necesita. No dejemos de hacerla. Aunque simple y pequeña, es muy valiosa.

En el Timonel de hace 8 días, mirando la elaboración de nuestro VI Plan Diocesano de Pastoral, nos preguntábamos: ¿cómo podemos contribuir a erradicar la violencia y construir la paz en la sociedad? Decíamos que nuestro aporte primero como Iglesia es la evangelización. Damos ahora un pasito más.

= Ante la violencia, nuestro aporte evangelizador ha ido cristalizando en los “proyectos de paz”. En la bendición del Memorial a las Víctimas de las violencias, participaron algunas personas a quienes les arrebataron alguno de sus seres queridos asesinándolos o despareciéndolos. Su tristeza y dolor eran muy grandes. El llanto venía a sus ojos al estar ante nosotros y su voz se quebrantaba al hablar. Pero en ellas había paz. Exigían se conociera la verdad y se actuara en justicia, pero no había odio. Una jovencita, a quien desaparecieron su figura parental, hasta en dos ocasiones nos pidió orar por quienes hacen el mal.

Para mí es admirable la paz que hay en estas personas, una paz que les permite vivir y muchas de ellas ahora han hecho de su experiencia de dolor y sufrimiento una disposición para ayudar a quienes sufren lo mismo que ellas han sufrido. Para mí esto es una gracia muy grande del Señor Jesús. Estas personas nos expresaron que lograron alcanzar esa paz gracias a alguno de los “proyectos de paz”, en el programa de atención a víctimas, que se ofrecen en algunas comunidades parroquiales de la Arquidiócesis.

Las violencias han dejado muchas víctimas en los hogares, en las familias. Por desgracia las violencias siguen dañando cada día a familiares y amigos de aquellos a quienes asesinan o desaparecen. Todos ellos necesitan recibir una ayuda que les permita seguir viviendo. Por ello invito con insistencia a las comunidades, a los Párrocos y Consejos de Pastoral, a implementar, según sus circunstancias tan diversas, algunos de estos proyectos, los que les sea posible. Son un gran bien. ¿Por qué no contemplarlos dentro de las estructuras de misericordia que queden en la comunidad a partir de la Semana por los Pobres?

Si Dios quiere, dentro de ocho días miraremos otros aportes que están también muy a nuestro alcance para hacer presente el reino de Dios y colaborar en la construcción del México que anhelamos.

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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