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Roguemos al Señor que envíe operarios a su mies

Les saludo a todos con mucho afecto y cariño, en Dios nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. El domingo pasado con el favor de Dios concluimos el Preseminario de este año 2019. El Señor nos bendijo con la presencia de 13 jóvenes para el Seminario Menor y 14 para el Curso Introductorio.  

Roguemos al Señor que envíe operarios a su mies

Al visitarlos compartí con ellos la alegría del llamado del Señor. A todos, Dios nos llama a ser santos, a ser sus amigos. La vocación de cada uno es un llamado a la amistad con Jesús, “es una invitación a formar parte de una historia de amor que se entreteje con nuestras historias, que vive y quiere nacer entre nosotros para que demos fruto ahí donde estemos, como estemos y con quien estemos” (Papa Francisco). La respuesta a la invitación que el Señor nos hace puede ser de aceptación o de rechazo. Jesús le preguntó a Pedro si lo quería, y al escuchar su respuesta humilde y sincera, “Tú sabes que te quiero”, le encargó el cuidado de la Iglesia. Jesús le propuso a un joven que lo siguiera, el joven no aceptó, se marchó triste y nosotros no supimos qué hubiera hecho Jesús, a través de él, para bien de todos nosotros.

El Señor nos llama mirando nuestro rostro, que es único. Para cada uno Dios tiene un camino diferente. Ninguno somos una casualidad. Para ser engendrados y nacer sólo había una manera de que fuera posible y Dios acomodó todo para ello, desde siempre. Y a cada uno el Señor nos hizo únicos. Ninguno somos una repetición. Si nos ha querido desde siempre y ha cuidado que no nos repitiéramos, que cada uno fuera único, quiere decir que nos hizo para algo muy especial que Él tenía en mente para nosotros. Cada uno estamos hechos para algo. Somos una misión. A través de cada uno el Señor quiere bendecir con algo muy especial a los demás. Descubrirlo nos llena de gozo, porque es lo que da sentido a nuestra vida, lo que da unidad y dirección a nuestras decisiones de cada día.

Teniendo en cuenta lo anterior comprendemos que “para cumplir la propia vocación es necesario desarrollarse, hacer crecer todo lo que uno es. No se trata de inventarse, de crearse a sí mismo de la nada, sino de descubrirse a uno mismo a la luz de Dios y hacer florecer el propio ser… Tu vocación te orienta a sacar afuera lo mejor de ti para gloria de Dios y para el bien de los demás. El asunto no es solo hacer cosas, sino hacerlas con un sentido, con una orientación” (Papa Francisco).

Muchos jóvenes sueñan con encontrar la persona adecuada para formar una familia y construir una vida juntos. El enamorarse es la manera como el Señor les llama al matrimonio, a formar ellos dos, hombre y mujer, una sola carne, una sola vida. Pero el Señor sigue suscitando vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. “En el discernimiento de una vocación no hay que descartar la posibilidad de consagrarse a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa o en otras formas de consagración. ¿Por qué excluirlo? Ten la certeza de que si reconoces un llamado de Dios y lo sigues, eso será lo que te hará pleno” (Papa Francisco).

La manera como el Señor Jesús hace sentir la atracción al sacerdocio y a la vida consagrada es sumamente variada. A muchos les ha atraído a partir de que eran monaguillos. Un joven nos contó que él quiso entrar al seminario cuando acompañaba a su párroco para visitar a los enfermos. Conozco un Padre que formaba parte de una compañía del Ballet Folklórico de Amalia Hernández. En una función platicó con el Obispo de su diócesis, quien le dijo que Jesús también necesitaba gente que le bailara. Así entró al Seminario y es muy buen párroco. Conocí también a dos jóvenes que entraron al Seminario luego de haber ayudado en su parroquia en la atención a las personas que fueron golpeadas por el huracán Stan. Los dos son sacerdotes. A Jesús no le faltan maneras para atraer. Luego en los años de Seminario será el discernir si en verdad por ahí nos quiere el Señor.

Sigamos en oración para que el Señor nos bendiga con muchas y santas vocaciones. De los 13 que llegaron para el Seminario Menor, sólo uno se sintió llamado para ingresar en este momento y fue aceptado por los Padres Formadores que le han acompañado. Otros vieron más conveniente hacer sus estudios de preparatoria desde su hogar y luego ingresar al Seminario. De los 14 que llegaron para el Curso Introductorio, 8 se sintieron llamados en este momento para ingresar y fueron admitidos por los Padres que les han acompañado.   

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