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“Rasgad los corazones…quizá se arrepienta y nos deje su bendición”

Cuaresma 2019

Pbro. Víctor Manuel Rendón Santana

Cada año la Iglesia se renueva en sus hijos celebrando el gozoso acontecimiento de la resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. La novedad del sepulcro vacío aunado a los otros signos trompetean para vitorear que aquel que había muerto crucificado en un madero, se ha levantado vivo, derrotando así el pecado que ancla a la muerte y a la muerte misma.

No obstante, dicha festividad, requiere de corazones limpios y vidas transfiguradas, es la única condición con la que un cristiano puede apreciar en todo su esplendor el brillo de la Pascua que nos viene del Señor resucitado. Un corazón que no se ha purificado, un corazón que sigue viviendo presa del pecado, muy difícilmente contemplará en todo su esplendor esta gloria, y se conformará con apenas un resquicio de ese brillo que es capaz de transformarlo todo.

Aunque el arrepentimiento de nuestros pecados, en el cristiano, es una experiencia constante, así como la conversión es una conquista en la gracia día a día. No obstante, la cuaresma es un tiempo especial cargado de motivaciones para vivir con más profundidad la experiencia del arrepentimiento de nuestros pecados, pero también de la gracia del perdón.

Hay mucho por lo cual pedir perdón. Hay mucho por lo que hay que llorar ante Dios, hay mucho por lo que hay que rasgar los corazones. Por la indiferencia que crece cada día, por el abuso que hacemos de las herramientas tecnológicas permitiendo que nos distancien, que nos controlen, que nos deshumanicen; por el maltrato que hemos dado a la ecología, por la falta de respeto a la vida humana, por los abusos cometidos, por las injusticias, por tantos asesinatos, por la pobreza de muchos hermanos, por la corrupción, por el mal manejo de lo que no es nuestro, etc. Sólo un serio y profundo examen de conciencia nos ayudará a descubrir todo aquello que nos ha ido alejando de Dios, impidiendo que vivamos cómo verdaderos hijos suyos.

Efectivamente,- ha dicho el Papa en su mensaje para esta cuaresma- cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Cuando se abandona la ley de Dios, la ley del amor, acaba triunfando la ley del más fuerte sobre el más débil.

Este tiempo de cuaresma, no sólo nos ayuda a penetrar en lo profundo del corazón para encontrar allí nuestra miseria, sino además nos lanza a ponernos con todo y nuestra miseria frente a la mirada de Dios, una mirada que es misericordiosa y llena de perdón. Quien se pone con su miseria frente a Dios, quien se deja ver por Dios encuentra misericordia, una misericordia que es capaz de limpiarlo todo.

El profeta Joel (Joel 2, 12), cuando invita al pueblo a rasgar los corazones, lo hace con la esperanza puesta en encontrar misericordia ante Dios y pueda detener un castigo que parece cercano, pero además está pensando en obtener una bendición, bendición que tiene la fuerza para regenerarlo todo.

Además de vivir arrepentimiento y obtener perdón, la cuaresma nos ayuda a volver a poner nuestra mirada en Jesucristo. Poniendo en él nuestra mirada, todo recomenzar garantiza frutos de conversión que se irán dando en el proceso. Mirar a Cristo y dejar que el brillo de su mirada sea la que guíe nuestros pasos, muchas veces expuestos a falsear. Esta mirada fue la que hizo que muchos dejaran sus malos caminos y vivieran un recomenzar en la alegría del perdón.

Valorando, apreciando y viviendo los medios que la Iglesia ofrece para este tiempo podremos ir seguros en esta experiencia cuaresmal, hasta que juntos contemplemos al resucitado.

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