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Pentecostés y María Madre de la Iglesia

Timonel 20 de Mayo de 2018

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. Vivimos hoy la fiesta de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo hizo posible que lograran entenderse quienes hablaban diferentes lenguas. El día de mañana celebraremos por primera vez la fiesta de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia. El Papa Francisco nos ha pedido que a partir de este año la celebremos el lunes siguiente a Pentecostés. Es bonita esta cercanía de las celebraciones: Mamá enseña a sus hijos un lenguaje, un modo de relacionarse que en la diversidad de su ser personal, construye la unidad del hogar. Sean para nosotros días de gracia que nos ayuden a reconstruir la armonía y la paz.

Pentecostés y María Madre de la Iglesia

+ El Espíritu Santo hace posible que nos entendamos. El día de Pentecostés, personas de muy diferentes idiomas oían a los apóstoles hablar en su propia lengua, y se congregó una gran muchedumbre en torno a ellos. Es lo opuesto a lo que se vivió cuando los hombres quisieron construir la torre de Babel: no lograron entenderse y se dispersaron. En Pentecostés los apóstoles hablaban de las maravillas de Dios, es decir, de su infinito amor por nosotros. El amor es un lenguaje que todos entendemos y que nos acerca unos a otros, porque amar es hacer a las personas el bien que necesitan. Cuando esto es lo que buscamos, no nos tenemos miedo. Este es un lenguaje que incluye a todos. Esto es obra del Espíritu Santo. En cambio, en Babel las personas buscaban “ser famosos”. En la cúspide de la fama solo hay lugar para unos pocos. Los demás quedan descartados y aún esos pocos luchan entre sí para descartarse. Babel es signo de las tantas formas como nuestra cultura excluye y descarta a muchas personas, no solo de los bienes de la vida, sino de la vida misma. Necesitamos la presencia del Espíritu Santo que oriente nuestros corazones hacia las personas y no hacia la ganancia o la fama. Solo en la intención de hacer el bien a los demás será posible entendernos, aunque seamos muy diferentes. Por esto, hoy muy de corazón suplicamos: Ven, Espíritu Santo.

+ Celebración de la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, es decir, “Madre de todo el Pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa”. La Virgen María es Madre de Jesús, el Hijo de Dios quien de ella, por obra del Espíritu Santo se hizo hombre, y a quien estuvo íntimamente unida en su misión salvadora hasta el pie de la cruz. Ella es también Madre de todos los discípulos de Jesús, pues los discípulos somos miembros del Cuerpo Místico de Jesús.

Una madre es corazón y brazos en busca de la unidad y la armonía de sus hijos. Así también lo es la Virgen María en la Iglesia. Nos decía el Papa San Juan Pablo II: “Ya desde el principio María desempeña su papel de Madre de la Iglesia: su acción favorece la comprensión entre los Apóstoles, a quienes Lucas presenta con un mismo espíritu y muy lejanos de las disputas que a veces habían surgido entre ellos… Por último, María ejerce su maternidad con respecto a la comunidad de creyentes no sólo orando para obtener a la Iglesia los dones del Espíritu Santo, necesarios para su formación y su futuro, sino también educando a los discípulos del Señor en la comunión constante con Dios”. Porque hoy necesitamos tanto esa armonía y vivir esa comunión, de corazón pedimos a la Virgen su intercesión: “María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros”

+ En los conflictos de cada día, dejarnos guiar por el Espíritu Santo, dejarnos llevar de la mano por la Virgen María, nuestra Madre.   

Los conflictos, pequeños o grandes, son cosa de todos los días, lo mismo en la sociedad, que en la familia y en nuestra misma persona. No podemos cerrar los ojos ante ellos, pero tampoco hemos de alimentarlos con el propósito de que no se resuelvan. La unidad es más valiosa que el conflicto. Los conflictos, las tensiones y los opuestos, nos dice el Papa Francisco, han de encontrar solución en aquella unidad que conserve “las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna”. Esta unidad será principio de una vida más digna para todos, y para lograrla no hay otra manera sino el diálogo que escucha, propone y discierne buscando el bien común. Así, en la diversidad de visiones y posturas, podemos construir aquella solidaridad que crea la amistad social.

Los conflictos son muy diversos, pero hay principios que han de iluminar la búsqueda de su solución. Expreso estos cuatro:

  • + Un principio de justicia natural, válido para todo mundo: no se puede violentar los derechos de otras personas buscando defender los propios: “No hagas a otro lo que no quieras que te hagan”.
  • + Un principio de fe cristiana: “Venzan el mal a fuerza de bien”. Un mal y otro mal nunca son un bien, siempre serán dos males.
  • +  Un principio de realidad: en nuestro mundo todo es perfectible. Estar convencidos de esto, permite descubrir y respetar los rasgos de verdad y de bien presentes en las posturas opuestas, y hace posible dialogar en busca del mayor bien común. “Examinen todo, quédense con lo bueno”.
  • + Un principio de armonía personal: “el primer ámbito donde estamos llamados a lograr esta pacificación en las diferencias es la propia interioridad… Con corazones rotos en miles de fragmentos será difícil construir una auténtica paz social” (Papa Francisco).

Que el Espíritu Santo venga en nuestra ayuda, que la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, nos cubra con su manto.

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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