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Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. En este Domingo del Buen Pastor, elevemos una oración por la abundancia de vocaciones a la vida sacerdotal para nuestro Seminario del Buen Pastor, y por la perseverancia de los jóvenes que han dicho “Sí” al Señor.

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

El IV domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor, celebramos en la Iglesia la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Tradicionalmente nuestra súplica en esta Jornada se ha dirigido a pedir al Señor principalmente por las vocaciones al Sacerdocio y a la Vida Consagrada, y no hemos de dejar de hacerlo cada día. Sin embargo, ya de hace algunos años la Iglesia ha dirigido nuestra atención al llamado que el Señor hace a muchísimas personas al matrimonio y a la vida en soltería. Hoy hemos de pedir al Señor también por ellos. ¡Cuánto necesitamos que muchos jóvenes y jovencitas escuchen el llamado que Dios les hace al matrimonio, fundamento de la familia y célula de la sociedad! ¡Cuánto necesitamos que los jóvenes y jovencitas que miren como llamado de Dios su voluntad de vivir solteros dedicando su vida a un servicio muy especial en la familia, en la sociedad o en la Iglesia!

Nuestra vida, un llamado de Dios. Ninguno somos una casualidad o una chiripa. Cada uno hemos sido queridos desde antes de nacer. De otra manera, ¿cómo explicar el que tantas circunstancias coincidieran para que fuéramos concebidos? Nuestra vida tiene un propósito y sólo podemos encontrarlo escuchando a Aquel que desde la eternidad nos ha llamado a la vida.

“Sean santos, porque yo soy santo” nos dice el Señor. Cada una de las diferentes vocaciones es un llamado a la santidad. Todos estamos llamados a ser santos, pero son diferentes los caminos por los que el Señor nos llama. Por ello, “lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a luz lo mejor de sí mismo, aquello tan personal que Dios ha puesto en él” (Papa Francisco). Cada uno necesitamos, como Jesús en la sinagoga de Nazaret,  escuchar, discernir y vivir la llamada del Señor.  A esto nos exhorta el mensaje que este año nos envió el Papa Francisco para ayudarnos a vivir esta Jornada de Oración por las Vocaciones.

Primero, escuchar: Si la vocación es un llamado, escuchar es lo primero que se ocupa para poder responder a ella. Escuchar no es cosa sencilla en esta época nuestra que nos satura de tantos ruidos externos y en la que es tan difícil hacer silencio dentro de nosotros mismos. Sin embargo, se ocupa silencio para escuchar el llamado del Señor. “Dios viene de modo silencioso y discreto, sin imponerse a nuestra libertad. Por ello puede suceder que su voz quede silenciada por las numerosas preocupaciones y tensiones que llenan nuestra mente y nuestro corazón. Es necesario entonces prepararse para escuchar con profundidad su Palabra y la vida, prestar atención a los detalles de nuestra vida diaria, aprender a leer los acontecimientos con los ojos de la fe, y mantenerse abiertos a las sorpresas del Espíritu”.

Segundo, discernir: sólo mediante el discernimiento espiritual podemos descubrir nuestra propia vocación. Y ¿qué es el discernimiento espiritual? Es un «proceso por el cual la persona llega a realizar, en el diálogo con el Señor y escuchando la voz del Espíritu, las elecciones fundamentales, empezando por la del estado de vida”.

Pero, el discernir no es solo para descubrir nuestra vocación. Para los discípulos de Jesús es cosa necesaria todos días. Toda vocación cristiana “tiene una dimensión profética”. Mirando la Sagrada Escritura, vemos que los profetas fueron enviados por Dios cuando el pueblo sufría grande pobreza material y grave crisis espiritual y moral. Iban al pueblo con la misión de llamar a la conversión, darle esperanza y consuelo en nombre de Dios. Esta dimensión profética está presente en nuestra vocación. El Señor nos da esa misión, y para cumplirla necesitamos aprender a mirar más allá de lo que a primera vista percibimos: descubrir al Señor en cada persona y escucharlo en cada acontecimiento. Necesitamos desarrollar la capacidad de «leer desde dentro» la vida e intuir hacia dónde y qué es lo que el Señor nos pide a cada uno para continuar su misión.

Tercero, vivir la llamada del Señor: en cada vocación el Señor Jesús pasa a nuestro lado y nos llama a seguirlo muy de cerca. Diferir la respuesta nos expone a ya no poder seguirlo. “¡La vocación es hoy! ¡La misión cristiana es para el presente! Y cada uno de nosotros está llamado —a la vida laical, en el matrimonio; a la sacerdotal, en el ministerio ordenado, o a la de especial consagración— a convertirse en testigo del Señor, aquí y ahora… No podemos esperar a ser perfectos para responder con nuestro generoso «aquí estoy», ni asustarnos de nuestros límites y de nuestros pecados, sino escuchar su voz con corazón abierto, discernir nuestra misión personal en la Iglesia y en el mundo, y vivirla en el hoy que Dios nos da”.

Ya casi al final de su Mensaje el Papa fortalece con su palabra a quienes sienten el llamado al Sacerdocio o a la Vida Consagrada: “Si el Señor nos hace entender que nos llama a consagrarnos totalmente a su Reino, no debemos tener miedo. Es hermoso —y es una gracia inmensa— estar consagrados a Dios y al servicio de los hermanos, totalmente y para siempre”.

La Virgen María, “la joven muchacha de periferia que escuchó, acogió y vivió la Palabra de Dios hecha carne, nos proteja y nos acompañe siempre en nuestro camino”.

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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