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IX Encuentro Mundial de las Familias

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. Esta semana, nuestro Seminario del Buen Pastor ha iniciado un nuevo Ciclo Escolar; pidamos al Señor para que afiance la vocación de cada joven y les dé fortaleza y perseverancia. 

IX Encuentro Mundial de las Familias

A partir de este martes, 21 de agosto, hasta el domingo 26 se celebrará en Dublín, con la presencia de Papa Francisco, el IX Encuentro Mundial de las Familias. El tema de reflexión será: “El Evangelio de la familia: alegría para el mundo”.

En marzo del año pasado en una carta, el Papa dio indicaciones muy precisas para el desarrollo de este encuentro: “Deseo que las familias puedan profundizar en la reflexión… de los contenidos de la Exhortación Apostólica La Alegría del Amor”. Y nos propuso estas dos preguntas: “¿El Evangelio sigue siendo alegría para el mundo? ¿La familia sigue siendo una buena noticia para el mundo de hoy?”.

Con grande seguridad y mayor esperanza nuestra respuesta es Sí. “Y este “sí”, nos dice el Papa, está firmemente fundado en el plan de Dios. El amor de Dios es su “sí” a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre. Es el “sí” de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases; es el “sí” y el compromiso de Dios con una humanidad a menudo herida, maltratada y dominada por la falta de amor. La familia, por lo tanto, es el “sí” del Dios Amor. Solamente partiendo del amor la familia puede manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos”.

Y luego el Papa desciende a la vida de cada día: “Quiero hacer hincapié en la importancia de que las familias se pregunten a menudo si viven a partir del amor, por el amor y en el amor. Esto significa concretamente darse, perdonarse, no perder la paciencia, anticiparse al otro, respetarse. ¡Cómo mejoraría la vida familiar si cada día se vivieran las tres sencillas palabras “permiso”, “gracias”, “lo siento”! Todos los días experimentamos la fragilidad y la debilidad, y por eso todos nosotros, familias y pastores, necesitamos una humildad renovada que plasme el deseo de formarnos, de educarnos y de ser educados, de ayudar y de ser ayudados, de acompañar, discernir e integrar a todos los hombres de buena voluntad”.

La vida en el matrimonio y en la familia es un camino: en el matrimonio, camino hacia la unidad, hasta ya no ser dos sino uno solo; en la familia, camino a aquella armonía que sea un destello de la que se da en Dios, Santísima Trinidad. El punto de partida es la rica diversidad personal del esposo y la esposa, cada uno con una historia diferente, y la rica diversidad de cada uno de los hijos: todos muy parecidos, pero cada uno distinto. El punto de partida es también la imperfección, los límites de quienes conforman la familia. Todos los seres humanos somos así, limitados. El camino hacia la unidad y la armonía está sembrado de conflictos y desacuerdos personales. No es que el amor de esposo-esposa haya desaparecido: sencillamente son diferentes, imperfectos. Porque se aman se encuentran, dialogan, discuten con el fin de superar el conflicto y restablecer la unidad. Así los papás enseñan a sus hijos que vale más la unidad que el conflicto, y les muestran el camino para construirla.

La familia es lugar privilegiado donde la misericordia está presente cada día. En el encuentro de Dublín el Papa espera que se miren señales concretas de esa misericordia. ¡Cómo llena de ternura mirar al joven esposo llevar en la silla de ruedas a su esposa que ya tiene tanto tiempo padeciendo! ¡Cómo fortalece ver a la esposa, ahí junto a la cama de hospital velar el sueño de su esposo! Pero no solo en los momentos extraordinarios. La misericordia es el amor de cada día. Esas tres palabras de las que el Papa nos ha hablado son vehículo de misericordia. Que los esposos no terminen el día enojados es una expresión muy hermosa de misericordia. Que papá y mamá jueguen con sus hijos es sonrisa de misericordia.  También lo es que cada hijo y cada hija al llegar la noche vayan con su madre y le pida la bendición y luego de recibirla le digan: “Mamá, te quiero mucho. Gracias por ser mi mamá”; y si el papá ya llegó del trabajo, hagan lo mismo con él. Que cada uno tengamos en nuestra mente y en nuestro corazón escrito con letras muy claras: “Cuando yo sea grande voy a cuidar de mis padres ancianos”, es un hermoso rostro de la misericordia.

La gracia de este IX Encuentro Mundial de las Familias llegue e ilumine nuestros hogares y fortalezca la Pastoral Familiar en nuestras comunidades parroquiales.

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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