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II Jornada Mundial de los Pobres

Noviembre 2018

Inspirado en el texto bíblico “este pobre gritó y el Señor lo escuchó” (Sal 34, 7), en su mensaje de este año el Papa Francisco nos invita a vivir la II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES, la cual se llevará a cabo del 18 al 25 de noviembre.

Reflexionemos lo que nos enseña el Papa respecto a esta celebración.

  1. ¿Cuál es el objetivo de la Jornada Mundial por los pobres?

El Papa nos ha dicho que esta Jornada tiene como objetivo, en primer lugar, estimular a los creyentes para que reaccionen ante la cultura del descarte y del derroche, haciendo suya la cultura del encuentro. Al mismo tiempo, la invitación está dirigida a todos, independientemente de su confesión religiosa, para que se dispongan a compartir con los pobres a través de cualquier acción de solidaridad, como signo concreto de fraternidad. Dios creó el cielo y la tierra para todos; son los hombres, por desgracia, quienes han levantado fronteras, muros y vallas, traicionando el don original destinado a la humanidad sin exclusión alguna.

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos, para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma. No pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida.

  1. ¿Qué es la pobreza y quiénes son los pobres?

No olvidemos que, para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Es un caminar detrás de él y con él, un camino que lleva a la felicidad del reino de los cielos (cf. Mt 5,3; Lc 6,20). La pobreza significa un corazón humilde que sabe aceptar la propia condición de criatura limitada y pecadora para superar la tentación de omnipotencia, que nos engaña haciendo que nos creamos inmortales. La pobreza es una actitud del corazón que nos impide considerar el dinero, la carrera, el lujo como objetivo de vida y condición para la felicidad. Es la pobreza, más bien, la que crea las condiciones para que nos hagamos cargo libremente de nuestras responsabilidades personales y sociales, a pesar de nuestras limitaciones, confiando en la cercanía de Dios y sostenidos por su gracia. La pobreza, así entendida, es la medida que permite valorar el uso adecuado de los bienes materiales, y también vivir los vínculos y los afectos de modo generoso y desprendido.

La pobreza tiene el rostro de mujeres, hombres y niños explotados por viles intereses, pisoteados por la lógica perversa del poder y el dinero. Qué lista inacabable y cruel nos resulta cuando consideramos la pobreza como fruto de la injusticia social, la miseria moral, la codicia de unos pocos y la indiferencia generalizada.

Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas.

Así como Bartimeo, el pobre del Evangelio que se encuentra privado de capacidades fundamentales, como son la de ver y trabajar, ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Cuántos pobres están también hoy al borde del camino, como Bartimeo, buscando dar un sentido a su condición. Muchos se preguntan cómo han llegado hasta el fondo de este abismo y cómo poder salir de él. Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate».

  1. ¿Qué podemos hacer durante la JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES?

El Papa nos invita a celebrar esta Jornada bajo el signo de la alegría de redescubrir el valor de estar juntos. Orar juntos en comunidad y compartir la comida en el domingo. Una experiencia que nos devuelve a la primera comunidad cristiana, que el evangelista Lucas describe en toda su originalidad y sencillez: «Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. [….] Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,42.44-45).

En nuestra arquidiócesis uniremos esta Jornada a la de la paz, de tal manera que la estamos llamando “Semana por la Paz y por los Pobres” en la cual cada comunidad parroquial debe organizar diversas actividades que tomen en cuenta estos dos aspectos. El objetivo es que a partir de esta experiencia, se empiece a realizar de manera permanente alguna acción en favor de los pobres dependiendo de las necesidades de cada parroquia.

La Comisión Diocesana para la Pastoral Social proporcionará algunos materiales que se pueden adaptar a cada circunstancia o, cada comunidad de manera creativa puede elaborar sus propios subsidios y compartirlo con las demás parroquias.

COMISIÓN DIOCESANA PARA LA PASTORAL SOCIAL

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