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En camino a la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud en Panamá

Queridos amigos y lectores de Mar Adentro:

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre: “La Paz esté con ustedes”. La Formación Sacerdotal es imprescindible para responder a las necesidades de nuestro pueblo; por ello, a partir del 28 de Enero tendremos en Acapulco la Semana de Estudios a Nivel Provincial. Ya desde ahora nos encomendamos a sus oraciones para el buen desarrollo de la misma.

En camino a la XXXIV Jornada Mundial de la Juventud en Panamá

En estos días un grupo de jóvenes de la Arquidiócesis ha partido hacia Panamá para vivir la Jornada Mundial de la Juventud del próximo martes 22 al domingo 27 de enero. Hace poco menos de tres años, al concluir en Cracovia la XXXIII Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Francisco invitó a los jóvenes de todo el mundo a caminar hacia Panamá de la mano de los abuelos, de los ancianos. Al despedirse del grupo de voluntarios que prepararon la Jornada, les preguntó: “¿Me prometen que para preparar Panamá van a hablar más con los abuelos? Y si los abuelos ya se fueron al cielo, ¿van a hablar con los ancianos?… Y ¿les van a preguntar?”. La respuesta a las tres preguntas fue un estruendoso “Sí”. Y concluyó el Papa: “Pregúntenles. Son la sabiduría de un pueblo”.

¿Por qué el Papa les hizo esta petición? Porque la primera condición para ser esperanza de un mejor futuro “es tener memoria. Preguntarme de dónde vengo: memoria de mi pueblo, memoria de mi familia, memoria de toda mi historia… Memoria de un camino andado, memoria de lo que recibí de mis mayores. Un joven desmemoriado no es esperanza para el futuro”. Y la única manera de tener esta memoria es hablar con los papás, con los mayores, con los abuelos,… “Si quieres ser esperanza en el futuro, tienes que recibir la antorcha de tu abuelo y de tu abuela”.

Y al final del discurso dirigido a los jóvenes que fueron parte del pre-sínodo en Roma, el Papa volvió a expresar: “Nosotros necesitamos jóvenes profetas, pero tened cuidado: nunca seréis profetas si no tomáis los sueños de los viejos. Es más: si no vais a hacer soñar a un viejo que está allí aburrido porque nadie lo escucha. Haced soñar a los viejos y estos sueños os ayudarán a seguir adelante. Dejaos interpelar por ellos”.

Y les platicó cómo a un grupo de jóvenes en Buenos Aires les pidió ir a cantar con su guitarra a una casa de ancianos. No querían, pero les convenció de ir aunque fuera una hora. Cuando llegaron, los ancianos estaban adormilados, pero al escuchar la alegría de los jóvenes les volvió el brillo a su rostro y empezaron a platicar, y pasaron así las horas casi sin sentirlo. “Los jóvenes oyeron cosas que les afectaban. Tomaron esta sabiduría y siguieron adelante”.

Necesitamos reconocer que los ancianos son la memoria de la humanidad. En esa memoria de los ancianos, el Señor Arzobispo de Panamá señalaba cuatro cosas muy valiosas: “La memoria del anciano no es solo cuantitativa sino sobre todo cualitativa. No son una enciclopedia de datos sino un tesoro de experiencias y en ellos no faltan cicatrices de heridas que enseñaron a vivir y huellas de caricias sinceras y limpias que enseñaron a amar. El anciano que, además, ha vivido ese recorrido vital y le ha permitido morir al ego, ha hecho transparencia del Ser esencial”.

“Un tesoro de experiencias”: saben del camino de la vida.

“Cicatrices de heridas que enseñaron a vivir”: la vida es un camino cuesta arriba. La dificultad, el tropezar y caer forman parte de ella.

“Huellas de caricias sinceras y limpias que enseñaron a amar”: las manos de una madre anciana se han hecho así de tanto dejar en nosotros esas huellas que nos enseñaron a amar.

“Transparencia de Dios”: cuando no es el propio yo el centro de nuestro vivir el bien de Dios pasa a través de nosotros.

Mucho se ha empeñado el Papa Francisco en que estas dos generaciones, jóvenes y ancianos, caminemos juntos. Al final de cada Misa en la que administro el Sacramento de la Confirmación a adolescentes y jóvenes, les hago esta súplica: escribir en su mente y en su corazón este firme propósito: “Cuando yo sea grande, voy a cuidar de mis padres ancianos”. El Papa nos dice algo más fundamental: no se puede ser grande, si no se escucha a los papás, a los abuelos, a los ancianos de la comunidad.

Para acercarse a esta Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, el Papa pidió a los jóvenes llevar la palabra del anciano en su corazón. Para prepararnos a vivir nuestro encuentro con Cristo Joven esta semana, llenemos nuestro corazón de esa amorosa sabiduría de los ancianos, acerquémonos a convivir al menos con uno de ellos; y los ancianos llenemos nuestro corazón de los sueños de nuestros jóvenes, démonos esta semana un tiempo para acercarnos y escuchar al menos a alguno de ellos.

Con mi oración y bendición

En Dios, nuestro Padre

+ Leopoldo González González
Arzobispo de Acapulco

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Timonel: Intensifiquemos nuestra oración por las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada

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