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El cuidado de la Casa Común: Los incendios forestales en Guerrero

Queridos amigos y lectores:

Les saludo a todos con mucho cariño en Dios, nuestro Padre y el Señor, Jesús Resucitado: “La Paz esté con ustedes”. Hago a todos un llamado a preocuparnos por el Cuidado de nuestra Casa Común, a propósito de los diversos incendios forestales que han ocurrido y la temporada de lluvias que se avecina.

 

El cuidado de la Casa Común

 

Los incendios forestales en Guerrero

Desde el mes de enero, en diversas regiones de nuestro Estado de Guerrero, se han venido suscitando muchos incendios forestales. Y no sólo en nuestro Estado, en muchas partes de nuestra Patria se han dado estos siniestros. Algunos han sido provocados, otros han sido producto de un descuido, otros forman parte de una cultura ancestral de preparación para la siembra. Independientemente de su origen, están provocando un grave problema a la casa común donde a diario nos movemos. La cantidad de humo en nuestro entorno es mucha. Pero uno de los daños más delicados de los incendios son los gases de efecto invernadero que inciden en el calentamiento global del planeta, sin cerrar los ojos a la desertificación que a la larga provocan, la grave disminución de la biodiversidad, la pérdida de manantiales y la disminución o desaparición del caudal de los ríos. Urge que todos, desde nuestro vivir ordinario y desde las responsabilidades y cargos que tenemos, nos esforcemos en evitarlos. Lo que cada uno puede realizar no deje de hacerlo. ¿Algún estudiante puede dedicar su tesis a mirar qué de bueno puede hacerse con tanto pasto grande que crece en nuestros campos y al secarse es fácilmente incendiable?

 

La casa común clama por el daño que le provocamos

 

El Papa Francisco en su carta “Laudato Si” ha señalado que la Tierra también es nuestra hermana y con ella compartimos la existencia. Pues ahora “esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella. Hemos crecido pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla. La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes. Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que «gime y sufre dolores de parto» (Rm 8,22). Olvidamos que nosotros mismos somos tierra (cf. Gn 2,7). Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura” (LS, 2).

 

El papa Francisco señala cinco aspectos en los que urge un serio análisis y una decidida intervención, para evitar consecuencias muy graves para el planeta y para la vida en general: la contaminación atmosférica, hemos convertido el planeta en un gran basurero; el cambio climático, consecuencia del calentamiento global; la escasez de agua potable en el planeta, el acceso al agua potable y segura ya no está garantizado; la pérdida de la biodiversidad, todas las criaturas están conectadas y todas nos necesitamos; el deterioro de la calidad de la vida humana y la degradación social, que se manifiesta en la cultura del descarte; la inequidad mundial, el deterioro ambiental y el deterioro de la sociedad afectan más gravemente a los más débiles del planeta.

 

En la pasada Asamblea Diocesana de Pastoral, en el Marco del Proceso de elaboración del VI Plan Diocesano de Pastoral, hicimos la opción por ser una Iglesia que Cuide el Medio Ambiente. El origen de la Crisis Ecológica está el corazón de la persona humana. Hemos de señalar que la avidez de dinero está poniendo en riesgo nuestro planeta: buscar la mayor ganancia a cualquier precio nos está destruyendo. No miremos la solución sólo en manos de quienes tienen el mayor poder: son muy valiosas las opciones que con creatividad encontremos en el hogar, el grupo u organización, en la comunidad parroquial para cuidar nuestra Casa Común.

 

¿Cómo cuidar la casa común?

 

Hay algunas acciones que están a nuestro alcance:

 

+ No comprar lo que no necesitamos. Así no depredamos la tierra y no nos entilichamos.

 

+ Plantar y cuidar árboles. Los adolescentes y jóvenes que han recibido el Sacramento de la Confirmación y no han cumplido con la tarea de plantar y cuidar un árbol, no la olviden. Esperen la época de lluvias y hacerlo. Miremos en nuestro entorno e invitemos a los vecinos a plantar árboles en zonas que lo permitan. Una buena tarea para los grupos juveniles, en coordinación con la autoridad civil, puede ser animar a las personas de la comunidad y organizarse para plantar bambú a la orilla del cauce de los ríos. En muy pocos años verán la transformación. Las comunidades que han perdido manantiales, miren sus montañas. Es necesario reforestar para recuperarlos. Se lleva años, pero sí se logra. Piensen en ustedes y en sus hijos dentro de 8 años.

 

+ Salir de casa llevando agua para beber en un “bule”. Es mucho más barato que comprar botellitas y no contaminamos.

 

+ Evitar el uso de desechables en nuestros encuentros familiares o sociales. Antes con mucha tranquilidad nos pedían llevar nuestro plato, vaso y cuchara para las fiestas de la escuela.

 

+ Hacer caso de las tres “R”: reducir la cantidad de basura: para ello es necesario separarla. No todo es basura. Si separamos cartón, periódico, latas, vidrio, Pet, y nosotros no lo vendemos, podemos regalarlo a muchas personas que sí lo venden; quienes están en posibilidad de hacer composta, no dejen de hacerlo con la basura orgánica; re-utilizar lo que pensábamos ya desechar: preguntarnos ¿A quién puede servirle? ¿qué otro uso puedo darle?; reciclar lo que puede ser transformado. Al separar la basura ayudamos a ello.

 

Ustedes tienen en mente y a su alcance muchas otras acciones para proteger nuestra Casa Común. No dejemos de hacerlas. Por pequeñas que parezcan son muy valiosas.

 

 

Con mi oración y bendición

 

En Dios, nuestro Padre

 

+ Leopoldo González González

Arzobispo de Acapulco

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