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Día Mundial de las Habilidades de la Juventud

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Acapulco, Gro., a 14 de julio de 2019

Comunicado 26-19

Día Mundial de las Habilidades de la Juventud

“El Día Mundial de las Habilidades de la Juventud” fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas, a celebrarse cada 15 de julio, con el fin de hacer conciencia de lo importante que es invertir en el desarrollo de las habilidades de la juventud. La celebración de este año busca “incidir en los mecanismos necesarios para impulsar y aplicar el aprendizaje a lo largo de la vida”.

Actualmente el 16% de la población mundial son jóvenes entre 15 y 24 años de edad. Son 1200 millones de jóvenes. Todos comprendemos lo importante que es su participación activa para que la humanidad logre acercarse a ese desarrollo sostenible que quisiera alcanzarse para el 2030. Pero comprendemos mejor esa importancia, si nos detenemos a mirar no una meta a alcanzar, sino a cada joven, en su ser único e irrepetible, centro de dignidad personal, con un rostro y una historia muy suya. “El trabajo para un joven no es sencillamente una tarea orientada a conseguir ingresos. Es expresión de la dignidad humana, es camino de maduración e inserción social, es un estímulo constante para crecer en responsabilidad y en creatividad, es una protección frente a la tendencia al individualismo, y es también dar gloria a Dios con el desarrollo de las propias capacidades” (Papa Francisco, Ch.V. 271).

Por ser tan grande la importancia del trabajo en la vida personal y social, el Papa hace esta paternal exhortación a todo joven: “Ruego a los jóvenes que no esperen vivir sin trabajar, dependiendo de la ayuda de otros. Eso no hace bien, porque el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal. En este sentido, ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias” (Ib. 269).

Sin embargo, encontrar trabajo es para un joven lo triple de difícil que para un adulto. Tal vez dos sean las fuentes de esta dificultad: la primera es la falta de capacidades profesionales debido a las deficiencias del sistema educativo y formativo, y la segunda es la explotación laboral por intereses económicos. La celebración del Día Mundial de las Habilidades de la Juventud” mira directamente a la primera dificultad, pero también toca la segunda: ¿Cómo puede haber incentivos para una buena preparación cuando eso no se toma en cuenta al ser contratado para trabajar?

En nuestra Patria se ha instaurado el programa “Jóvenes Construyendo el Futuro” con “el objetivo principal de integrar a jóvenes en actividades de capacitación en el trabajo, para acelerar su preparación en las actividades productivas…”. Todos hacemos votos por el buen resultado de esta inversión de recursos públicos en la capacitación para el trabajo de muchos jóvenes. Una condición para ese buen resultado es la responsabilidad con que se cumplan los programas. Algo muy valioso para cada uno de nosotros es descubrir aquello para lo que uno está hecho, es decir, aquello a lo cual Dios nos llama, nuestra vocación: “sea la enfermería, la carpintería, la comunicación, la ingeniería, la docencia, el arte o cualquier otro trabajo, entonces será capaz de hacer brotar sus mejores capacidades de sacrificio, de generosidad y de entrega. Saber que uno no hace las cosas porque sí, sino con un significado, como respuesta a un llamado que resuena en lo más hondo de su ser para aportar algo a los demás, hace que esas tareas le den al propio corazón una experiencia especial de plenitud” (Papa Francisco). 

Todos podemos ayudar a adolescentes y jóvenes a capacitarse para brindar con su trabajo un servicio a los demás y realizar su persona. Para papás y maestros, enseñar a sus hijos y alumnos es un deber de justicia, que ha de estar arraigado en el amor, porque solo cuando se ama a una persona es posible ayudarle en su crecimiento y maduración.  El Papa nos ha hablado de lo mucho que se necesitan en la labor educativa estas tres expresiones de amor: cercanía, arte para corregir y paciencia. En los papás los lazos de sangre no bastan para asegurar estas tres expresiones. Es necesario hacer el propósito de vivirlas. En los maestros, su profesionalismo les obligará a cumplir los programas, pero solo el amor hará que les interesen sus alumnos. Si los aman, su meta será que aprendan y en eso se empeñarán. En cada alumno Jesús les pide ayuda.

Pero hay otro campo del saber que no ha de ser descuidado: el oficio en el que trabajaron ustedes, queridos papás y abuelos: su arte para cultivar la tierra o para elaborar tantos objetos tan hermosos y útiles o para administrar una empresa; las recetas de cocina y las destrezas para el mantenimiento de una casa, para arreglar un carro o prestar algún servicio; los primeros auxilios que han de prestarse en una emergencia y la elaboración de remedios naturales; la confección o arreglo de ropa… Que no muera con nosotros lo que aprendimos a hacer para servir a los demás y ganarnos la vida. A jóvenes y adolescentes les invito en estas vacaciones a acercarse a sus padres o a sus abuelos y aprender alguna de estas destrezas suyas.

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