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Día Internacional de los Desaparecidos

Acapulco, Gro., a 25 de agosto de 2019

Comunicado 32-19

Diariamente llegan a nuestros oídos, casos de personas desaparecidas, ya sea porque la misma gente nos los cuenta o porque los medios de comunicación los dan a conocer.

Actualmente la desaparición forzada es uno de los delitos lacerantes más graves que afectan a la sociedad. Hasta hace algunos años, los casos de desaparecidos se presentaban de una forma aislada; pero ahora sabemos que hay personas desaparecidas en casi todos los lugares, de todos los niveles y bajo distintas formas. En todos los casos se denigra la dignidad humana, empezando por violar un derecho fundamental que es la vida.

Según la Comisión Nacional de Búsqueda, hasta el mes de enero del presente año, había el reporte de 40,180 personas desaparecidas; así como el descubrimiento de fosas clandestinas en varios Estados del país. Lo más alarmante es que al menos da la apariencia de que el fenómeno no va disminuyendo, y cada vez son más quienes viven esta lamentable situación. Sin embargo, lo que no debemos olvidar, es que no se trata de un simple dato estadístico. Cada una de estas personas tiene una historia, una familia que queda profundamente lastimada, un proyecto de vida truncado, un reclamo de justicia y de que se sepa la verdad.

Desde el año 2011, cada 30 de agosto, se celebra el “Día Internacional de los Desaparecidos”. Su finalidad es permitir a la Comisión de los Derechos Humanos de la ONU presentar el número de desapariciones forzadas que se han producido en el mundo durante el año, compararlas con las sufridas en años anteriores, proponer soluciones y aunar esfuerzos con los gobiernos de los países donde se presenta este crimen. Sin embargo, la verdadera intención de este día es dar voz ante el mundo a quienes han sido víctimas de la desaparición forzada y plantear estrategias para que este crimen no continúe. Esta conmemoración también sirve para que todos tomemos conciencia de la gravedad de esta problemática y nos unamos a los múltiples esfuerzos que ya se están realizando en la sociedad para buscar caminos de solución.

En efecto, ante la angustia desesperante que vive las familias de quienes han sido desaparecidos, desmotivados por la falta de habilidad, preparación y competencia que el gobierno ha demostrado para ayudarles a localizar a sus víctimas, los familiares se han unido en su dolor y han creado figuras jurídicas más estructuradas como colectivos, asociaciones, grupos de búsqueda y grupos de apoyo, que les permiten ser voz de cientos de personas que no han logrado retornar a casa, y de quienes han apagado su voz por miedo a amenazas del crimen organizado y por las omisiones de algunos estados.

En este contexto los obispos mexicanos en su Exhortación Pastoral “Que en Cristo Nuestra Paz, México tenga Vida Digna”, expresaron que la realidad de la inseguridad y violencia es compleja y multidimensional, pero no se puede atribuir a una sola causa, hacerlo sería ingenuo y nos llevaría a pretender, tener una única solución a una problemática tan vasta y complicada.

Y añaden: “Atañe a la Iglesia en general, y muy en especial a los obispos, sacerdotes, consagrados y laicos, ser valientes y continuar buscando la construcción de la paz. Porque la Iglesia debe permanecer siendo ese espacio de acogida, en donde el dolor de tantas familias se vea reconfortado por la luz de Cristo que resucitó y que nos aguarda en su reino”.

El Papa Francisco, por su parte, en la visita que realizó a nuestro país afirmó lo siguiente: “la violencia frustra a todas luces, el disfrute de la vida, impidiendo inclusive el desarrollo de proyectos vitales. La vida comunitaria es la primera víctima de la violencia. La percepción de inseguridad y el miedo llevan a las personas a buscar espacios seguros refugiándose en sus propias casas, aislándose, encerrándose en el individualismo y en la desconfianza, en el enojo, en el resentimiento y en el deseo de venganza. Se establece un círculo vicioso”.

Hago un llamado a quienes perpetran este tipo de crimen privando de la libertad o de la vida a sus hermanos, a que recapaciten y renuncien a seguir haciendo tanto daño, a las personas, a sus familias y a toda la sociedad. Si conocemos a alguna familia que tenga la pena de un familiar desaparecido, acerquémonos a saludarle, escucharle, expresarle nuestra indignación y dolor por lo que está sufriendo, y juntos orar un momento.

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