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Comunicado

Acapulco, Gro., a 06 de mayo de 2018

Comunicado 21-18

En el Día de la Madre

+ La celebración del Día de la Madre despierta en nosotros sentimientos muy hondos de gratitud y de admiración hacia nuestra mamá y hacia todas las mamás, y también buenos propósitos de un mejor trato para ellas. Hasta ahora todos los seres humanos debemos la vida a nuestra madre. Y muchos también le debemos gran parte de nuestra formación humana y espiritual. Por ello, este día nos esforzamos en mostrarle el amor y la gratitud que quisiéramos expresarle cada día. Hay muchísimos buenos hijos, sin embargo también es verdad que muchísimos hemos de ser mejores. Tenemos que reconocer que a muchas mamás poco se les escucha, poco se les ayuda y poco se les tiene en cuenta.

+ Ser madre es una verdadera opción de vida, no solo dar a luz un hijo. ¿Cuál es la misión que una mujer hace suya al elegir ser madre? La misión que elige es dar la vida. Decía el Beato Don Oscar Arnulfo Romero: “Dar la vida no significa sólo ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco. Sí, como la entrega una madre, que sin temor, con la sencillez del martirio materno, concibe en su seno a un hijo, lo da a luz, lo amamanta, lo cría y cuida con afecto. Es dar la vida. Es martirio».

El Papa Francisco pone en labios de las mamás una oración en la que percibimos muchas de las tantas y tan variadas formas como una mamá entrega su vida. Es una oración larga que nuestra madre rezaba o reza a cachitos cada día, porque a cachitos cada día nos dio o nos da su vida: “Ayúdame, Señor, a comprender a mis hijos, a escuchar pacientemente lo que quieren decirme, y a responderles todas sus preguntas con amabilidad. Evítame que los interrumpa, que les dispute o contradiga. Hazme cortés con ellos, para que ellos sean conmigo de igual manera. Dame el valor de confesar mis errores, y pedirles perdón cuando comprenda que he cometido una falta. Impídeme que lastime los sentimientos de mis hijos. Prohíbeme que me ría de sus errores, o que recurra a la afrenta y a la burla como castigo. No me permitas que induzca a mis hijos a mentir o a robar. Guíame hora tras hora para que confirme, por lo que digo y hago, que la honestidad es fuente de felicidad. Modera, te ruego, la maldad en mí. Evítame que los incomode, y cuando esté malhumorada, ayúdame, Dios mío, a callarme. Hazme ciega ante los pequeños errores de mis hijos, y auxíliame a ver las cosas buenas que ellos hacen. Ayúdame a tratar a mis hijos como niños de su edad, y no me permitas exigirles el juicio y convicciones de los adultos. Facúltame para no robarles la oportunidad de confiar en sí mismos, pensar, escoger o tomar decisiones. Oponte a que los castigue para satisfacer mi egoísmo. Socórreme, para concederles todos los deseos que sean razonables, y apóyame, para tener el valor de negarles las comodidades que yo comprendo que les harán daño. Hazme justa y ecuánime, considerada y sociable para con mis hijos, de tal manera que ellos sientan todo mi amor. Amén”. Con mucha razón un niño, con la sencillez propia de la infancia, le decía a Dios: “Señor, que mi mamá no se canse de ser mi mamá”.

+ Las mamás, lo mismo que los papás, tienen problemas cuando los hijos están chicos y también cuando están grandes, pero sobre todo a las mamás, les es casi imposible ponerse a distancia de la suerte de sus hijos y de sus hijas, aunque ya estos hayan dejado la casa y formado su propio hogar. Verlos sin trabajo, enfermos de adicciones, con un hogar que se resquebraja les hace sufrir y rezar. Nunca dejamos de ser sus hijos. Son muchas las mamás que sufren la ausencia de sus hijos porque el crimen se los ha arrebatado o desaparecido, y son muchas las madres que sufren al intuir que sus hijos andan en la maña, que tal vez sean de aquellos que a otras madres les arrebatan o desaparecen a sus hijos. ¡Cuánto sufren unas y otras! Son también muchas las mamás que sufren la ausencia de sus hijos, porque los hijos estamos ocupados en tantas cosas, que olvidamos las cercanías que pueden darnos vida: la cercanía de Dios, la cercanía de nuestros padres y hermanos, la cercanía de las personas que necesitan de nosotros. Esta celebración nos invita a buscar la cercanía de nuestra madre. Ella nos hace sentir muy cercano a Dios, no porque sea perfecta, sino porque nos ama con un amor muy parecido al de Dios: nos ama con un amor incondicional, sencillamente porque somos sus hijos. ¡Cuánto bien nos hace su amor!

+ También a las mamás les hace mucho bien sentir el amor de sus hijos. Mientras podamos, no dejemos de acercarnos a ella cada noche y pedir su bendición: “Mamá, bendíceme” y luego darle un beso y decirle: “Mamá, te quiero mucho”. Y lo mismo con nuestro papá, si ya llegó del trabajo. Reconocer el deber que tenemos de cooperar todos en la atención del hogar y darle una mano repartiendo el quehacer doméstico entre todos. Esto es más urgente cuando ella tiene también un trabajo fuera de casa. Si ya trabajamos y todavía vivimos en el hogar, no dejemos de cooperar al gasto familiar, y en nuestro proyecto de vida ha de estar escrito con letras muy claras: “Cuando yo sea grande, cuidaré de mis padres ancianos”. Nunca más vuelva a ser verdad eso que decía un dicho de hace años: una madre basta para cuidar a más de cinco hijos y más de cinco hijos muchas veces no son capaces de cuidar a su mamá.

Quienes ya tenemos a nuestra mamá en la Casa de Dios nuestro Padre, no nos miramos sin ella. Quien está con Dios no está lejos de nadie, y esto es más sensible tratándose de nuestra madre. Su presencia junto a nosotros la sentimos de una manera muy especial, muy entrañable, como lo fue su amor. Lo mejor de ella siga viviendo en nosotros.

Tal vez esta cercanía materna fue una de las razones que movieron a Jesús a dejarnos a su Madre como Madre nuestra, para que una vez llevada al cielo, siguiera junto a nosotros, como estuvo con Él, hasta el pie de la cruz. Jesús quiso que nunca nos sintiéramos huérfanos. Nos dejó por madre a su Madre. A ella también hagámosle un cariño cada día.

Felicidades, queridas Mamás. El Señor las bendiga grandemente, pues a través de ustedes mucho nos ha bendecido.

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