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Comunicado 28-19

Acapulco, Gro., a 28 de julio de 2019

Comunicado 28-19

Día Mundial contra la Trata de Personas

El 30 de julio celebramos el “Día Mundial contra la Trata de Personas”. La trata de personas es una de las heridas más dolorosas de la humanidad en nuestro tiempo, un verdadero crimen contra la humanidad. Viola la dignidad de las personas convirtiéndolas en una mercancía, es la comercialización de la persona humana.

La forma como atenta contra las personas esta moderna esclavitud es muy variada. Sus víctimas unas son sometidas a trabajos forzosos, otras a explotación sexual o servidumbre doméstica, otras a la mendicidad infantil, al tráfico de órganos o al reclutamiento forzado como niños soldados o como miembros de bandas delictivas. Las organizaciones internacionales del trabajo calculan que casi 21 millones de personas en el mundo son víctimas del trabajo forzoso, pero el tipo de trata de seres humanos más extendida es la explotación sexual que afecta principalmente a mujeres y niñas. En Europa se calcula que la ganancia que este crimen genera al año es de tres mil millones de euros. Nuestra ciudad como destino turístico que es, también sufre la herida de este crimen.

«Ante esta realidad trágica, nadie puede lavarse las manos si no quiere ser de alguna manera, cómplice de este crimen contra la humanidad. Una primera tarea que se impone es poner en acción una estrategia que permita un conocimiento mayor del tema, rompiendo ese velo de indiferencia que parece cubrir la suerte de esta porción de la humanidad que sufre, que está sufriendo» (Papa Francisco).

A la raíz de este crimen de la trata de personas se encuentra el mirar a los demás desde una perspectiva meramente utilitarista, considerándolos una mercancía que utilizo según mi conveniencia. Muchos programas televisivos y revistas masculinas y femeninas públicamente prostituyen y venden al hombre y a la mujer. Muchas veces se hace de ellos un objeto de mercado asociándolos a un perfume, a un carro, a un refresco, a un juguete que se desea vender. Se proclama que el cuerpo de la mujer es suyo y puede hacer con él lo que desee, es decir, si quiere venderlo, lo venda, y si quiere alquilarlo, lo alquile. Se presenta el cuerpo humano como algo que puede ser reducido a mercancía, a objeto de un mercado en el cual cada quien puede elegir el artículo que guste y para el cual le alcance su dinero. En esta carrera mercantil no hay espacio para hablar de algo sagrado en la persona, de límites que deban ser respetados, de prohibiciones que salvaguarden la dignidad personal. Esto hasta el comercio de órganos que no duda en asesinar para tener “el artículo” de compra-venta que ha de negociar. Hemos de reconocer que cada uno de nosotros también somos nuestro cuerpo, cada persona humana es también su cuerpo. Esta es una verdad que claramente percibimos en la vida de cada día. Escuchamos al enfermo que dice: “yo no quiero morir”, no dice: “yo no quiero que mi cuerpo muera”; y a las personas a quienes amamos les decimos: “no quiero que te mueras”, no les decimos: “no quiero que tu cuerpo muera”. El cuerpo también es nuestra persona y la persona humana es siempre alguien, un sujeto libre, con derechos que le deben ser respetados y con obligaciones que responsablemente ha de cumplir. Esta dignidad es el fundamento de la igualdad de todos los seres humanos entre sí. Quienes creemos en Jesús tenemos claro que la raíz de esta dignidad de la persona humana se encuentra en Dios, que le ha creado a su imagen y semejanza y que en Jesús le ha hecho hijo suyo. Hacer de la persona humana un objeto de compra-venta en la historia ha recibido el nombre de esclavitud.

La trata es también fruto de la vulnerabilidad de las personas. En general, quienes son víctimas de este delito se encuentran en una difícil situación económica. Muchas personas se ven obligadas a abandonar su Patria en busca de las condiciones mínimas de subsistencia. “Teniendo pocas posibilidades de canales regulares, -nos dice el Papa Francisco- muchos inmigrantes deciden aventurarse por otras vías, donde a menudo se encuentran con abusos de todo tipo, explotación y la esclavitud”. ¿Cómo ayudar a que cada pueblo pueda construir el bien común que permita el desarrollo integral de las personas, de manera que nadie se mire violentado por la miseria a dejar familia, su pueblo o su Patria? El Papa nos invita “a todos los ciudadanos y las instituciones a unir fuerzas para prevenir la trata y garantizar la protección y asistencia a las víctimas”. ¿Qué está a nuestro alcance realizar?

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