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Comunicado 22-17

Acapulco, Gro., a 29 de Octubre de 2017

Comunicado 22-17

 

EL DÍA DE MUERTOS, UNA CELEBRACIÓN DE LA VIDA Y LA ESPERANZA

El jueves próximo, Día de los Fieles Difuntos, muchas personas recordaremos de una manera especial a los seres queridos que se nos han adelantado en el camino a la Casa de Dios, nuestro Padre. Tal vez en el hogar pongamos una flor ante su retrato, quizá podamos llevar esa flor a su tumba. Todos tendremos en nuestros labios una oración para pedir por su eterno descanso. Con las limitaciones personales, que todos tenemos, reconocemos que fueron para nosotros una bendición de Dios.

La cercanía que sentimos con nuestros seres queridos ya difuntos no es una figuración, producto del efecto. Cristo, que resucitó de entre los muertos, nos dice que la muerte es el llamado que Él nos hace para ir al lugar que nos ha preparado en la Casa del Padre. Por ello, tenemos la esperanza de que nuestros hermanos difuntos están con Dios, y quien está con Dios no está lejos de nadie… Con ellos se ha ido una parte nuestra, pero también una parte suya se ha quedado en nosotros. Procuremos que lo mejor de nuestros antepasados siga viviendo en nosotros.

 

Al visitar los panteones nos encontraremos con muchas otras personas que también van a visitar las tumbas de sus seres queridos. Al vernos ahí juntos, podemos reconocernos igualmente frágiles y con la misma esperanza en el corazón: llegar un día a la Casa del Padre. Esto nos ayude a comprender que no tiene caso exagerar las diferencias por cargos, posiciones o posesiones. Somos pasajeros de la misma barca y todos nos necesitamos unos a otros.

 

Es urgente en estos días reconciliarnos con el pasado, el presente y el futuro.  Reconciliarnos con el pasado consiste en reconstruirlo de una forma positiva y propositiva. Reconciliarnos con el presente es vivir la existencia de una forma comprometida con nuestros valores y convicciones personales. Reconciliarnos con el futuro es esperarlo con confianza. Un espacio vital para la fe y la esperanza. La vida no se termina con la muerte física. Esta es la puerta de acceso a un nuevo modo de ser. A la promesa de inmortalidad futura que se ha inaugurado con la resurrección de Cristo. Que nos abre a la certeza de que el destino final del hombre no es la muerte sino la vida.

 

UN ESPACIO SAGRADO EN NUESTRAS COMUNIDADES Y FAMILIAS POR LAS VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA

En estos días recordemos con grande cercanía a las víctimas de la violencia: a quienes han sido ejecutados con crueldad y frialdad inhumana; a quienes han sido destruidos por el ajuste de cuentas; a quienes han caído en los enfrentamientos entre bandas; a los miembros de las fuerzas de Seguridad del Estado que han perdido la vida cuidando la nuestra. Pidamos perdón por la sangre derramada, en tantas víctimas de la violencia.

Los animo a levantar en nuestras comunidades parroquiales y en nuestras familias un espacio sagrado por las personas que han muerto a causa de la inseguridad y la violencia. Un espacio sagrado que nos permita recuperar la historia, la identidad, el nombre de ellas. Que no queden en el anonimato de una estadística. Cada una de ellas tiene un nombre concreto, una historia personal, un hogar. Este espacio nos ayude a acercarnos y hacernos solidarios con quienes nos han sido arrebatados.

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