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Comunicado 20-19

Acapulco, Gro., a 19 de mayo de 2019

Comunicado 20-19

 

Día del Estudiante

El próximo jueves, 23 de mayo, celebraremos el Día del Estudiante. Por ello expreso con mucho afecto mi saludo y felicitación a todas las niñas y niños, a todos los jóvenes y jovencitas que al ir cada día a la escuela fortalecen la esperanza de tiempos mejores en la sociedad. Les vemos prepararse para servir de la manera más profesional a los demás en sus necesidades, y así obtener lo necesario para vivir de manera digna. Su esfuerzo de cada día en la labor escolar tiene como motivación el amor a aquellas personas que necesitarán de sus servicios luego que pasen los años de escuela. Desde ahora les están amando al prepararse para servirles de la mejor manera. No miran sus rostros, pero todo su esfuerzo es por ellos. Esto es muy esperanzador.

 

+ Hace tiempo el Papa Francisco dijo a un grupo de niños y jóvenes: “Si les preguntara ¿por qué van a la escuela?, ¿qué me responderían? Probablemente habría muchas respuestas dependiendo de la sensibilidad de cada uno. Pero creo que se podría resumir todo diciendo que la escuela es uno de los ambientes educativos en los que crecemos para aprender a vivir, para ser hombres y mujeres adultos y maduros, capaces de caminar, de recorrer el camino de la vida. ¿Cómo les ayuda a crecer su escuela? Les ayuda no sólo a desarrollar su inteligencia, sino a tener una formación integral de todos los componentes de su personalidad”.

 

+ Y si nos preguntamos ¿qué es lo más importante que hay que aprender en la escuela?, ¿cuál sería nuestra respuesta? El Papa nos dice que lo más importante es aprender a ser magnánimo. “Ser magnánimo significa tener un gran corazón, tener un alma grande, quiere decir tener grandes ideales, el deseo de lograr grandes cosas en respuesta a lo que Dios pide de nosotros, y para ello hacer las cosas bien todos los días, todas las acciones cotidianas, los compromisos, los encuentros con la gente; hacer las pequeñas cosas de todos los días con un gran corazón abierto a Dios y a los demás.” Por ello, en repetidas ocasiones, el Papa nos ha señalado la necesidad de aprender tres lenguajes: el de la cabeza para pensar bien, esto implica adquirir conocimientos, pero también formar nuestro criterio para descubrir el bien y la verdad, lo realmente hermoso de la realidad; el lenguaje del corazón, que es aprender a sentir bien, y para ello se necesita educar los afectos: sentirlos, ponerles nombre y expresarlos de manera adecuada; y el lenguaje de las manos, es decir, la capacidad de hacer el bien en la situación concreta en que estemos, desde las muchas capacidades que Dios ha puesto en nuestra persona. No sólo en la etapa escolar, sino cada día de nuestra vida, hemos de esforzarnos por construir en nuestra persona la armonía de estos tres lenguajes.

 

+ Los años que pasamos en la escuela, como alumnos o maestros, nos permitieron escuchar consejos de los papás, de los directores, de los maestros para ser mejores estudiantes. ¿Cuáles recuerdan y qué bien les hicieron? Comparto algunos.

 

= Saludar al maestro al inicio de la clase y darle las gracias al terminar. En toda ocasión dirigirse a él con respeto y amabilidad. El aprecio al maestro facilita la escucha de su enseñanza y la posibilidad de cuestionar algún punto que no está o parece no estar de acuerdo con lo que nuestros padres nos han enseñado o con lo que nosotros pensamos.

 

= Saludar cada día a los compañeros mirándoles al rostro. Sólo si vemos el rostro de quien saludamos, podemos intuir lo que está viviendo, unirnos a su alegría, compartir sus tristezas y ayudarle en las dificultades.

 

= Estar presentes en cada clase. No “irse de pinta”. Es parte fundamental del quehacer del estudiante. Implica no faltar, pero no basta con solo estar ahí en el salón. Se ha de participar activamente: escuchando, comprendiendo, sintetizando, cuestionando. No estar distraídos en otras cosas: teléfonos o páginas de internet.

 

= No pasar al siguiente contenido si no se ha comprendido lo anterior: preguntar hasta lograr entender, investigar y reflexionar. Lo que con trabajo logramos aprender, difícilmente se nos olvida.

 

= Cada día estudiar lo que ha sido expuesto por el maestro o ha sido tema de investigación, de manera que vaya quedando en la memoria al menos lo indispensable para comprender los nuevos contenidos que serán presentados en la siguiente clase.

 

= Ser siempre sinceros con los papás. Aunque ya se curse la etapa profesional, no dejar de comentar con ellos las calificaciones obtenidas, ni ocultarles alguna situación de dificultad en que se miren. Más vale recibir una amonestación paterna, que exponerse a situaciones de abuso.

 

= Administrar correctamente los recursos que llegan a sus manos: si están etiquetados para hacer un pago, no se utilicen en otra cosa, y pagar lo más pronto posible para no tener la tentación de gastarlos en otras cosas. Distinguir necesidades y gustos: no gastar en gustos mientras no estén cubiertas las necesidades. Para ello contar con una lista muy precisa y ordenada de las cosas necesarias que se han de adquirir. Acostumbrarse a llevar desde la casa agua para beber y algún alimento en la mochila. Si es posible, poner otro poco para compartir con algún compañero.

 

= Aprender a descansar. Nos hace mucho bien el ejercicio, el deporte, y es indispensable dormir bien. El ingerir bebidas alcohólicas o el consumir drogas no es descansar. Al contrario. Tampoco desvelarnos.

 

= Tener muy claro que escuchar y aceptar la corrección forma parte de nuestro camino de maduración no solo en la escuela, sino toda la vida.

 

La orientación que falta para completar las diez, seguramente la tendrá Usted en su mente y es mucho muy importante. Si le parece bien, platique con sus hijos, anímeles en sus estudios y comparta con ellos esa orientación que Usted recuerda.

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