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Comunicado 18-19

Acapulco, Gro., a 05 de mayo de 2019
Comunicado 18-19

Queridas mamás, gracias por ser nuestras mamás

El próximo viernes celebramos el Día de la Madre. Es una fecha muy entrañable, tal vez la más entrañable, porque en las entrañas de nuestra madre el Señor nos formó. A través de ella recibimos la vida, el crecimiento, y también mucho de nuestra formación humana y espiritual. Ya decía el antiguo principio de pedagogía social que para explicar la manera como una persona se comporta con los demás es necesario mirar a su madre.

Hace poco leí un pequeño cuento que hablaba de una mamá y sus 4 hijos. Cuando alguno de ellos tenía una dificultad o una pena, lo llamaba y lo consolaba diciéndole al oído que él era su hijo predilecto. Un día en que discutían entre ellos, el que iba perdiendo le dijo a los otros: «No me importa. Al fin que yo soy el hijo preferido de mi mamá». Los otros callaron y luego se miraron uno a otro y empezaron a comentar: «A mí también me dijo eso mi madre». Y medio disgustados fueron con ella a reclamarle. La mamá los escuchó y luego les dijo: «Yo no les he dicho mentiras. Cada uno de ustedes es mi hijo preferido. Eso es posible para el amor de una madre». Después de leer aquel cuento reflexionaba con mucha gratitud, que esto es un claro destello del amor de Dios Padre: para Él cada uno somos su hijo predilecto.

Hay muchos relatos y poemas muy hermosos dedicados a las madres, sin embargo, el Papa Francisco hace notar que las madres son poco escuchadas y poco se les ayuda en sus tareas diarias. Nos dice: » Habría que comprender más su lucha cotidiana por ser eficientes en el trabajo y atentas y afectuosas en la familia; habría que comprender mejor a qué aspiran ellas para expresar los mejores y auténticos frutos de su emancipación. Una madre con los hijos tiene siempre problemas, siempre trabajo. Recuerdo que en casa, éramos cinco hijos y mientras uno hacía una travesura, el otro pensaba en hacer otra, y la pobre mamá iba de una parte a la otra, pero era feliz. Nos dio mucho”.

Miren como las madres son el mejor remedio contra el individualismo. Individuo es alguien que no puede dividirse y está separado de los demás. Nuestras madres desde que nos acogen en ellas, se multiplican de manera extraordinaria para atendernos estando al pendiente de muchas cosas al mismo tiempo. La entrega diaria de su vida es una verdadera ofrenda de su persona, es un martirio diario. El Papa Francisco, al hablar de la madre de familia en su catequesis del pasado 7 de enero, cita unas palabras de Don Óscar Arnulfo Romero: «Todos debemos estar dispuestos a morir por nuestra fe, incluso si el Señor no nos concede este honor… Dar la vida no significa sólo ser asesinados; dar la vida, tener espíritu de martirio, es entregarla en el deber, en el silencio, en la oración, en el cumplimiento honesto del deber; en ese silencio de la vida cotidiana; dar la vida poco a poco. Sí, como la entrega una madre, que sin temor, con la sencillez del martirio materno, concibe en su seno a un hijo, lo da a luz, lo amamanta, lo cría y cuida con afecto. Es dar la vida. Es martirio».

«Una sociedad sin madres sería una sociedad inhumana, porque las madres saben testimoniar siempre, incluso en los peores momentos, la ternura, la entrega, la fuerza moral». Pero también quedaría muy menguada nuestra vida de fe. El año pasado algunos jóvenes me preguntaron cómo había sido mi encuentro con el Señor Jesús, yo les respondí con mucha gratitud hacia mi mamá, que lo yo recordaba como primer encuentro con Jesús fue hincado en la cama, junto con mi hermano mayor y mi mamá rezando con nosotros las oraciones de la noche antes de apagar la luz. Casi siempre nuestras mamás son las primeras que siembran en nosotros la semilla de la fe, que luego tendrá su crecimiento y maduración en la comunidad eclesial.

En este día, una súplica a todas las jovencitas a quienes el Señor un día llamará a ser madres: pongan todo su empeño y cariño en que sus hijos no carezcan de papá. El noviazgo no es un adelanto de la vida matrimonial, sino el tiempo de gracia para conocer y discernir si ese muchacho es a quien ustedes quieren como esposo y padre de sus hijos, y ayudarle a adquirir aquella madurez que le permita ser buen esposo y buen padre. Ciertamente la vida de matrimonio no depende solo de una parte, y muchas veces hay circunstancias y debilidades que hacen imposible la vida esponsal. Sin embargo, su inteligencia y su prudencia en la elección y formación de su esposo son un cimiento fundamental para construir su hogar, el hogar en que sus hijos puedan mirar también el rostro de su padre.

Termino con estas palabras del Papa Francisco: «Queridísimas mamás, gracias, gracias por lo que sois en familia y por lo que dais a la Iglesia y al mundo. Y a ti, amada Iglesia, gracias por ser madre. Y a ti, María, Madre de Dios, gracias por hacernos ver a Jesús».

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