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Comunicado 14-19

Acapulco, Gro., a 07 de abril de 2019

Comunicado 14-19

 

El Día Mundial de la Salud

 

El 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud. La celebración tiene dos propósitos: conmemorar la fundación de la Organización Mundial de la Salud y fortalecer la conciencia de que el cuidado de la salud es un derecho de toda persona. El tema de este año es: “Cobertura Sanitaria Universal para todas las Personas, en cualquier lugar”.


La protección de la salud, un derecho y un deber básico


El cuidado de la salud es un derecho básico de toda persona y factor indispensable para el desarrollo de una sociedad. El Artículo 4 de nuestra Constitución señala que: “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud”.  Es, pues, obligación del Estado garantizar la cobertura sanitaria universal para todas las personas, así como de implementar políticas públicas encaminadas a la prevención de las enfermedades, acompañamiento terapéutico de las personas enfermas y erradicación de las enfermedades endémicas.

 

El principal responsable del cuidado de su salud es la propia persona. Es deber ético el cuidado de la propia vida y salud.  La Iglesia nos recuerda que “la vida y la salud física son bienes preciosos confiados por Dios. Debemos cuidar de ellas racionalmente, tomando en cuenta las necesidades ajenas y el bien común. El cuidado de la salud de los ciudadanos requiere la ayuda de la sociedad para obtener las condiciones de vida que permitan crecer y alcanzar la madurez: alimento, ropa, vivienda, cuidado de la salud, enseñanza básica, empleo, asistencia social” (Catecismo 2288).

Las principales amenazas a la salud en 2019


“En 2019, la Organización Mundial de la Salud considera que la contaminación del aire es el mayor riesgo ambiental para la salud. Los contaminantes microscópicos en el aire pueden penetrar los sistemas respiratorios y circulatorios, dañando los pulmones, el corazón y el cerebro, matando a 7 millones de personas en forma prematura cada año por enfermedades como el cáncer, los accidentes cerebrovasculares, las enfermedades cardíacas y pulmonares. Alrededor del 90% de estas muertes se producen en países de ingresos bajos y medios, con altos volúmenes de emisiones de la industria, el transporte y la agricultura, pero también por artefactos hogareños y combustibles”.

“La causa principal de la contaminación del aire (la quema de combustibles fósiles) también contribuye de manera importante al  cambio climático, lo que repercute en la salud de las personas de diferentes maneras. Entre 2030 y 2050, se teme que el cambio climático cause 250.000 muertes adicionales por año, como consecuencia de la desnutrición, la malaria, la diarrea y el estrés por calor”.

Milagro, cuidado y confianza en el cuidado del enfermo


El año pasado, en el marco del IV Seminario sobre Ética en Gestión de la Salud, el Papa Francisco, nos ha invitado a reflexionar sobre tres palabras fundamentales en el cuidado del enfermo: Milagro, Cuidado y Confianza.

 

La primera palabra es Milagro. “Un milagro no es hacer lo imposible; el milagro es encontrar en el enfermo, en el desamparado que tenemos delante, a un hermano. Estamos llamados a reconocer en el receptor de las prestaciones el inmenso valor de su dignidad como ser humano, como hijo de Dios”.

“La segunda palabra es cuidado. Curar a los enfermos no es simplemente la aséptica aplicación de medicamentos o terapias apropiadas. Ni siquiera su sentido primigenio se limita a buscar el restablecimiento de la salud. El verbo latino “curare” quiere decir: atender, preocuparse, cuidar, hacerse responsable del otro, del hermano. De eso tendríamos que aprender mucho los “curas”, pues para eso nos llama Dios. Los curas estamos para cuidar, curar”.

 

“La tercera palabra es confianza, que podemos distinguir en varios ámbitos. Ante todo, como ustedes saben, es la confianza del propio enfermo en sí mismo, en la posibilidad de curarse, pues ahí estriba gran parte del éxito de la terapia. No menos importante es para el trabajador poder realizar su función en un entorno de serenidad, y ello no puede separarse de saber que está haciendo lo correcto, lo humanamente posible, en función de los recursos a disposición. Esta certeza se debe basar en un sistema sostenible de atención sanitaria, en el que todos los elementos que lo conforman, regidos por la sana subsidiariedad, se apoyan unos en otros para responder a las necesidades de la sociedad en su conjunto, y del enfermo en su singularidad”.

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