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100 años del fin de la Primera Guerra Mundial

Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

El próximo domingo, 11 de noviembre, se cumplen cien años del armisticio que firmó Alemania en 1918, con el que se dio fin a la Primera Guerra Mundial, conflicto que inició en 1914 y se extendió por cuatro años. La primera gran guerra mundial acabó con la vida de diez a veinte millones de personas.

La historia. El 28 de junio de 1914 el heredero al trono del imperio austrohúngaro, el archiduque Francisco Fernando fue asesinado en Sarajevo por un atentado terrorista a manos de Gavrilo Princip, un joven nacionalista serbio. Este hecho hizo que el complejo sistema de alianzas europeo tejiera una red de confrontaciones que involucró a gran parte del mundo en la guerra. Tras el homicidio, Austria-Hungría le declaró la guerra a Serbia el 28 de julio de 1914. Luego, Rusia, que se veía a sí misma como defensora de los pueblos eslavos, movilizó sus tropas para ayudar a Serbia, y entonces Alemania, aliada de los austrohúngaros le declaró la guerra el 1 de agosto. Dos días después Alemania puso en marcha el “plan Schlieffen” que consistía en invadir Francia a través de Bélgica. Entonces el Reino Unido intervino ya que los germanos habían violado la neutralidad de Bélgica. De esta manera quedaron definidos los bandos; por un lado, las llamadas “potencias centrales”, Alemania, Austria-Hungría, Bulgaria, Italia y el Imperio Otomano, y por otro lado la “Triple Entente” compuesta por Francia, Reino Unido y Rusia, con acuerdos auxiliares con Japón y Portugal.

En 1917 el curso de la guerra cambió debido al triunfo de la revolución rusa y la decisión de Lenin de firmar un pacto con Alemania para retirarse. Tras más de cuatro años de conflicto, el 11 de noviembre de 1918 Alemania aceptó el armisticio y la guerra terminó. De esta manera Reino Unido, Francia y la naciente potencia, Estados Unidos, resultaron vencedores.

La Iglesia. En julio de 1914 se desató la primera guerra mundial. Un mes después, profundamente adolorido por el evento bélico, Pío X murió el 20 de agosto de 1914. Un vivo contraste atravesará a la Iglesia, con la postura imparcial del Papa Benedicto XV (1914-1922) durante la primera guerra, contra la postura de los catolicismos nacionales, sobre todo en Alemania, Austria-Hungría, y Francia, que aparecen comprometidos con la “justa causa” de su respectiva nación, y entre la mayoría de los católicos no despierta ningún eco la política de paz pontificia. Esta actitud de “cumplimiento del deber nacional” sin condiciones obedece a diversos motivos.

En tal contexto fue elegido como Papa, el 3 de septiembre de 1914, el cardenal Giacomo della Chiesa, quien asumió el nombre de Benedicto XV, como deseo de divinas bendiciones sobre la humanidad. Su línea fue clara: se hizo coronar en la Capilla Sixtina, para evitar inoportunos festejos en una hora de luto para tantas familias, y se preocupó sobre todo por construir la paz. Durante los cuatro años de conflicto mundial, aunque los aliados, especialmente Francia, lo presionaron para que tomara partido, Benedicto XV observó una férrea imparcialidad, algo difícil y que frecuentemente fue malentendido y mal interpretado.

Elevó, por el contrario, continuamente su voz contra la prosecución de la guerra que calificó como «un suicidio de la Europa civil» e «inútil desgracia» y se ocupó con ahínco, especialmente con la bien preparada nota de paz del 1 de agosto de 1917, en el exhortar a los pueblos y a los jefes de Estado a una paz justa y equilibrada. Después del fracaso de estos tentativos, el papa se dedicó con mayor energía a curar las heridas de la guerra. El Vaticano se convirtió en una segunda Cruz Roja, sobre todo gracias a la Oficina para los prisioneros de guerra, el importante lugar de información para los prisioneros y dispersos fundado por Benedicto XV desde 1914. Una vez terminada la guerra, aprovechó toda ocasión para aliviar las necesidades y sanar los tremendos daños que el conflicto había ocasionado; escribió, además, al presidente americano Thomas Wilson, pidiéndole que interviniera para que los vencidos no fueran humillados.

Acapulco. Por el análisis de diversos documentos existentes en archivo, la Parroquia de Acapulco, durante este periodo, parece ser un remanso de paz, nada deja entrever la llegada de ese nuevo vendaval: los estertores de la Primera Guerra Mundial. Gobernaba la Parroquia de Acapulco el Siervo de Dios, LEOPOLDO DIAZ ESCUDERO Párroco del 18 de agosto de 1910 hasta 1920.

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